Ibarra: En la Atahualpa, locales se adaptaron a la pandemia

Ibarra. La respuesta a esta interrogante es evidente. El modelo de negocios de la parroquia de Caranqui, así como de otros sitios del casco urbano ha cambiado debido a la pandemia del coronavirus. Varios locales han tenido que cerrar y otros han adecuado sus espacios como fruterías y verdulerías.

Uno en cada esquina
En pequeñas repisas improvisadas de madera se exhiben al transeúnte: plátanos, verduras hortalizas, choclos, naranjas, huevos, pollos, carnes, entre otros productos de primera necesidad. Hay más de uno en cada esquina. Por ejemplo, en cuatro cuadras de la avenida Atahualpa, entre la Hernán González de Saa y Capitán José Espinoza de los Monteros se contabilizó una docena de locales.
“Hay mucha competencia, antes había menos fruterías, ahora tienen donde escoger”, dice doña Lucrecia Guama, habitual compradora de la zona.

La jornada en Ibarra

A las seis de la mañana comienza la jornada de muchos comerciantes en Ibarra. Ellos consideran que trayendo las frutas al barrio contribuyen con los vecinos para que no se expongan al virus de la Covid-19 bajando a comprar hasta el centro. Al mismo tiempo reconocen que el producto que se vende aquí es más alto.
“La gente no entiende y se queja que los precios son altos, pero no toma en cuenta que los mercados elevaron los precios y no hay control. Nosotros le compramos a ellos al precio que den, total de traer el producto, luego pagamos una camioneta que nos traiga el producto”, manifestó un comerciante que pidió no identificarse y que instaló su local de frutas quince días después de que se decretó la emergencia sanitaria, por una necesidad, ya que dejó de trabajar como instructor de un gimnasio en Otavalo.

Carnes al barrio
Pero las frutas no son el único sustento que llega hasta Caranquí. Alexis Chávez tuvo que trasladar su negocio de cárnicos, desde el Mercado Amazonas hasta la avenida Atahualpa, para precautelar su salud y la de sus padres, quienes son adultos mayores y perteneces a uno de los grupos más vulnerable a este virus y cuya salida de aislamiento aún no ha sido permitida por las autoridades.
“Desde marzo estamos vendiendo desde el domicilio con todas las normas de higiene requeridas”, recalcó el vecino mientras mostraba su certificado de haber adquirido la carne en la Empresa Pública de Faenamiento y Productos Cárnicos Ibarra. Todos en la familia tomaban recaudo a la hora de desinfectar el dinero que recogían en un latón y a su vez portaban guantes y mallas para el cabello.

Empleo y emprendimientos

En Caranqui no faltan los vecinos con espíritu emprendedor. Doña Rosita Carmen instaló en el parqueadero de su vivienda un espacio para expender frutas y legumbres.

Empleo
Jenifer Yandún es una de las beneficiadas de esta frutería improvisada. Ella explicó que es una buena oportunidad de poder vivir, del día a día, ahora que la crisis ha dejado a muchos sin empleo.
Antes de la pandemia, Jenifer se dedicaba al reciclaje de papeles y botellas y ahora atiende con una sonrisa a los ciclistas que se detienen a llevar frutas para sus casas. No quiso fotografías pues portaba su respectiva mascarilla y prefirió no retirarla de su rostro.

Historias
Cómo estas, hay más de una, en las principales avenidas de la ciudad. Incluso locales que antes funcionaban como sastrerías reemplazaron las telas por las frutas y los parqueaderos que servían para lavar autos ahora se encargan de traer las verduras hasta los barrios.