Ibarra, ciudad de encanto

En estos días que se está celebrando los 412 años de la Fundación de la Villa de San Miguel de Ibarra, es oportuno resaltar que el trajinar silencioso del tiempo, una historia rica en verdades, y la memoria del corazón no solo nos invitan a convertirnos de simples espectadores a principales protagonistas, en historias de diferentes épocas, y en paisajes de ensueño para vivirlos por nosotros mismos, sino también a enamorarnos de Ibarra puesto que el majestuoso Taita Imbabura, la encantadora laguna de Yahuarcocha, y el ardiente Valle del Chota ratifican que Ibarra es un paraíso terrenal.

La diversidad de etnias, saberes ancestrales y costumbres tradicionales demuestran que Ibarra es una ciudad cultural. Los barrios pletóricos de pasado y visionarios del futuro, antiguos parques y modernas plazas, casas coloniales y nuevos edificios indican que Ibarra es una ciudad de contrastes. Los hermosos paisajes, artesanías manuales y exquisita gastronomía ratifican que Ibarra es una ciudad turística.

La religiosidad del pueblo creyente, Fe en el Ser Supremo, y participación en los eventos litúrgicos confirman que Ibarra es una ciudad espiritual.

La vivencia de los valores, calidad humana, y generosidad de su gente demuestran que Ibarra es una ciudad fraterna. Finalmente, la inocencia de los niños, alegría de los jóvenes, y calidez de los mayores hacen de Ibarra una ciudad de encanto.