Historias de amor y amistad

David RuizPrimera: Un soldado que regresó después de pelear en la guerra de Vietnam, llamó por teléfono a sus padres desde San Francisco. “Mamá, papá, voy de regreso a casa, pero les voy a pedir un favor. Traigo a un amigo que me gustaría que se quede a vivir con nosotros”.
Ellos contestaron: “Nos encantaría conocerlo”.
“Hay algo que tienen que saber de él”, dijo.
“Él fue herido en la guerra, y perdió un brazo y una pierna. Él no tiene a dónde ir y quiero que viva con nosotros”. “Lo siento, hijo,  pero a lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar”. “No, mamá y papá, yo quiero que él viva con nosotros”. “Hijo”, le dijo el padre. “No sabes lo que estás pidiendo. Alguien tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros.

Tenemos nuestras propias vidas y no podemos permitir que algo como eso interfiera en ellas. Mejor, regresa a casa y olvídate de tu amigo. Él encontrará la forma de afrontar su problema”. En ese momento, el hijo colgó el teléfono.
Los padres no volvieron a saber de él, hasta que unos días después, recibieron una llamada de la policía de San Francisco. “Su hijo ha muerto al caer de un edificio”, les dijeron. La policía creía que había sido un suicidio. Los padres, destrozados, volaron a San Francisco y fueron a la morgue a identificar el cadáver.

Era su hijo, lo reconocieron de inmediato, pero para su horror, descubrieron algo que no sabían… su hijo tenía sólo un brazo y una pierna.

Segunda: Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo, dijo un soldado a su jefe. Permiso negado, replicó el oficial. No quiero que arriesgue su vida por un hombre que quizá ha muerto. El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, trayendo el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso: Ya le dije que había muerto, ahora he perdido dos hombres. Dígame, ¿valió la pena ir allá para traer un cadáver? Y el soldado moribundo, respondió: Claro que sí, cuando lo encontré, todavía estaba vivo y me dijo: “Juan, estaba seguro de que vendrías”. 

David Ruiz Sevilla
davidruizsevilla@hotmail.com