Hija pide justicia ante un asesinato

Ibarra. A la enfermera Car-men Emilia Males Sarabia, oriunda de la ciudad de O-tavalo, la dieron por desaparecida el pasado 4 de febrero de 2019.

Para ahondar en el misterio del caso, mientras la Direc-ción Nacional de Delitos contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Di-nased) la buscaba, su conviviente Bolívar P. se suicidaba el 19 de marzo lanzándose del hospital General de Latacunga.

Ha pasado un año y la hija de la fallecida pide justicia ante este fatal hecho.

Testimonio. Joselin Lizeth Anchaluisa, hija de Carmita Emilia, recordó que su madre fue licenciada en enfermería y que soñaba poder escalar los volcanes de E-cuador y del mundo, pero que el 4 de febrero de 2019 truncaron todos sus sueños.

“Bolívar, el presunto asesino, era mi padrastro, él aseguró que mi mamá salió de su domicilio, de la ciudad de Latacunga, y que supuestamente se fue a Qui-to, desde ese momento salimos a la Fiscalía a poner la denuncia.

Acudimos a Quito a pedir ayuda al defensor de los Derechos Humanos. Nos sentimos indignados, me quitaron a mi mamá. Un mes después de su desaparición el señor se suicidó para evadir responsabilidad. Pero un día después de su suicidio se encontró el cuerpo de mi madre calcinado en el patio de la casa que yo creía era mi hogar”, dice la hija de la fallecida en medio de su dolor e impotencia.

El victimario la buscaba. Se conoció que en algún momento el conviviente (+) de la víctima, puso la denuncia de la desaparición en la Fiscalía de Latacunga.

Mientras el caso era investigado por la Unidad de Desaparecidos de la Dina-sed, Bolívar y un familiar de la hoy fallecida pegaban afiches para la búsqueda de la mujer. Pero un día antes de que la Dinased recabara los indicios en la vivienda, Bo-lívar fue encontrado sin vida en el área de parqueaderos del hospital General de Latacunga.

Peritaje. La inspección en la casa no se suspendió. Los peritos encontraron enterrados en el patio restos co-mo piel y fragmentos de huesos. Hace una semana se comprobó que eran de humanos y pertenecían a Carmen Emilia Males, mediante la prueba de ADN que se hizo en Quito.

En aquel entonces Víctor Alcarraz, conductor de camionetas en la localidad, dijo ser amigo de Bolívar, quien siempre se mostró solidario. “Hasta ahora no creo que se haya suicidado porque mató a su mujer. Don Bolívar era demasiado buena persona”, dijo Víctor.