George Gurdjief

Gurdjief era un maestro extraño. Un día acudió hasta donde él, quien era reconocido como el mayor intelectual de su tiempo: Oupenski. Al mirarlo Gurdjief ni siquiera le dejó presentarse, enseguida le extendió una hoja en blanco y un bolígrafo y le dijo: ¡Vete a la habitación contigua y en una cara de la hoja me escribes lo que sabes y en la otra cara, lo que piensas que deberías saber!

Oupenski se quedó helado, ni siquiera le había saludado y pensó: ¡Es un tipo extraño! Pero como Oupenski era una persona muy culta, conocía que los maestros son un poco excéntricos, por lo cual, no recriminó, y en silencio se dirigió con esferográfico y papel a la habitación de al lado. A la hora de la verdad, frente al papel, no sabía qué poner. Oupenski, quien acaba de escribir  uno de los libros más importantes en la historia de la humanidad y era mundialmente famoso, se sentía como un estudiante novato frente a una asignatura desconocida.  Él, que en su libro había hecho un estudio pormenorizado y hasta matemático sobre el hombre, su pensamiento y espiritualidad, se veía asustado e ignorante sobre todo argumento. Luego de dos horas Oupenski reflexionó: Todo aquello que he escrito, yo mismo jamás lo he experimentado, entonces ¿Qué puedo saber?  Enseguida concluyó, que quien no sabe ¿Cómo podría conocer lo que debería saber? Mientras mayores son los conocimientos en la mente, mayor es la ignorancia en la vivencia, se dijo, recordando a Sócrates. Gurjief le dijo: Tienes la dignidad de un discípulo, has llegado sin cargas, ni exigencias, aquí lo único que te mostraré es el camino de la consciencia, aunque te advierto que yo no caminaré por ti. Oupenski fue  iniciado y con el tiempo se transformó en uno de los mayores maestros de lo desconocido.

 Nelson Villacís
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