Ibarra. La historia de María Alexandra Lucio Peñafiel es la adecuada para adaptarla a un guión de película, con el gran detalle de que no es una historia de ficción, sino una historia real.

La mujer de 36 años de e-dad, habita al momento en el cantón Urcuquí, pero cuenta que antes vivió en su natal provincia de Bolívar y luego en la capital del Ecuador.

Su relato. Los recuerdos de Bolívar no son tan gratos, asegura que su mamá la abandonó a su suerte cuando era muy pequeña, ella tuvo que refugiarse con sus abuelos, quienes la cuidaron por unos pocos años, luego ellos fallecieron y volvió a quedar en la indefensión.

Ahora dice que busca a su padre, pero no lo hace sola, está junto a sus dos pequeñas hijas y junto a una persona que le rescató en una noche en la que ella se encontraba desorientada en un parque de la ciudad de Quito.

Continúa su testimonio. “Luego de que mis abuelos fallecieron, me volví a quedar sola, es ahí donde busqué a mi mamá, pese a que ella me abandonó. Viví con ella, pero las cosas se tornaron peor, ella me maltrataba, me golpeaba y como yo tengo epilepsia nadie me ayudaba y las cosas se me complicaban más y más.

Al parecer ella (su mamá) nunca me quiso, por eso siempre me trató mal. Es por ello que con mi enfermedad caí en depresión y ya no sabía que hacer hasta que una noche, recuerdo me quedé en un parque de Quito y me volvió a dar un ataque de epilepsia, estaba totalmente descontrolada. Es allí en donde aparece Humberto Velasco, él me ayudó y cuenta que le llevó a una casa de salud y desde ese momento no me ha dejado y ha estado conmigo”, dice la mujer en medio de lágrimas.

Lo que pide. Pero el sueño de María Alexandra Lucio es poder encontrar y abrazar a su padre, asegura que su progenitor vive en la provincia de Bolívar, pues así le dijo en algún momento su madre.

Conozco el nombre de él, se llama Nestor. Es verdad no soy reconocida pero lo que quiero es poder abrazarlo y decirle que soy su hija”, dice la madre de dos niñas de 7 y 6 años respectivamente.

María Alexandra cuenta que la epilepsia la tiene desde los 7 años de edad.

“Yo recibí una descarga eléctrica a esa edad y eso tuvo mucho que ver para que mi enfermedad se agudice, tomo pastillas, pero por los bajos recursos económicos no puedo tener acceso a un especialista que me pueda ayudar. Hay momento en que me coge la crisis y pierdo hasta la conciencia, no sé ni dónde estoy”, dijo la mujer quien vive en el cantón Urcuquí, en el barrio Santa Rosa y es de bajos recursos económicos.