Fregadores, tradición del pueblo kichwa

portadilla-otavaloCuando alguien del pueblo kichwa tiene dolor en los músculos y huesos, lo común en las comunidades es acercarse a un fregador, el tratamiento de estos sabios no se basa solo en la molestia de su paciente, también debe tratarlo psicológicamente y espiritualmente.
En las comunidades de Otavalo es costumbre que en la familia de fregadores se enseñe y traslade los conocimientos a los niños de casa. María Juana Perugachi, fregadora del Jambi Huasi, indicó que desde los ocho años conoce del arte.
Desde que era niña ella ya conocía su futuro, nunca fue a la escuela y tampoco sabe leer o escribir, pero la sabiduría ancestral para realizar curaciones le fue trasmitida por su madre y su abuela.
Cuando a su mamá o a su abuela les llamaban para que ayude a un enfermo, ella siempre las acompañaba y tenía que estar atenta a todos los movimientos que ponían en práctica y grabar en su memoria hasta el más pequeño detalle.
A los 15 años ya era una experta, según sus cuentas en los 68 años de trayectoria como fregadora ha tratado aproximadamente a más de 20 mil personas, y en el Valle del Amanecer es una de las más buscadas para que ponga en práctica su remedio.
“Lo más importante es tener la bendición de Dios, si el da el conocimiento rápidamente se aprende”, dijo María Juana Perugachi. Lo mejor de este trabajo para ella es que ha logrado mantener una relación de solidaridad con quienes necesitan.
Dentro de la ciencia aprendida por herencia y tradición, la fregadora kichwa, no solo realiza curaciones también a través de plantas y masajes quita el estrés de sus pacientes y les ayuda a mantener en equilibrio su estado emocional y espiritual.
Para los fregadores es importante tratar todos los componentes del ser humano, el cuerpo, la mente y el espíritu, de esta manera logran equilibrar las malas energías que permiten los golpes, fracturas, dolencias, entre otras curaciones.
Para ser un buen fregador, que equivale en el mundo occidental a un profesional de fisioterapia, hay que ser una persona llena de valores y con una alta capacidad de conversación para distraer al paciente mientras se está tratando.
Depende de las molestias, torceduras, fracturas o dolencias que se diagnostiquen en los pacientes para que los fregadores sepan si deben utilizar pomadas, preparados con hierbas, calidas o frías, e incluso hay ocasiones en las que deben tomar trago puro para amortiguar el dolor.
José Farinango, director del Jambi Huasi, manifestó que la forma de tratar al paciente a través de los fregadores es inesperada pero muy bien preparada, ya que para dolencias muy fuertes distraen al paciente del dolor para poder curarlo, y hay niveles de fregadores, mientras más experimentados es mejor.
En una dislocación de rodilla que tuvo su padre no había quién pueda curarlo del dolor, un taita fregador, adulto mayor, mandó a comprar una botella de trago puro y comenzaron a conversar temas importantes para la comunidad y sobre la familia y tradiciones, pasada una hora de conversación, el fregador se lanzó a la fractura dl señor y puso el hueso en su lugar, quedó sano y sin molestia.
Esto proceso se lo realizó con licor para amortiguar el dolor y con el entretenimiento de la conversación, el paciente pudo sanarse con un dolor intenso que lo curo de una molestia constante.
El tratamiento con los fregadores se realiza en las comunidades indígenas, en Otavalo está el Centro Intercultural Jambi Huasi, donde practican medicina ancestral y diagnostican enfermedades con sabiduría de tradición y cultura.
En todas las nueve comunidades rurales de Otavalo existen personas que se dedican a ser fregadores.