Flavio y Jesús

Flavio era un griego que poseía una cuantiosa fortuna.  Toda su vida había acumulado las mayores obras de arte religioso de la historia, de los más renombrados artistas; sin embargo, él admiraba a Jesús de corazón.

Siempre había querido invitarlo a su casa, pero sentía recelo debido a que había escuchado que Jesús, en uno de sus sermones, había dicho que no se debía rendir culto a imágenes de piedra, oro o madera, por que eso era idolatría.Un día en que Jesús estuvo cerca de sus tierras, él fue a buscarlo y armándose  de valor, le dijo: “Maestro sé que tú eres el Mesías, yo tengo el defecto de ser rico, pero admiro la virtud de tu pobreza. Si no es demás pedirte ¿Me gustaría tenerte de huésped en mi hogar, así sea por unos minutos?. Cuando Jesús llegó a la casa de  Flavio se quedó sorprendido de la belleza, era de un gusto exquisito y místico, casi como debe ser el paraíso.  Entonces Jesús se quedó admirando las maravillosas imágenes, no solo por unos minutos, sino por varias horas. Cuando volvió ya era muy tarde y la gente dudaba de su humildad. Entonces Jesús habló: “La verdadera humildad está en no elegir, no discriminar. Hoy estuve en una morada  muy suntuosa y llena de lujos, pero era hermosa. En otras ocasiones con igual gracia y riqueza me encuentro en la morada de un pobre. El humilde está bien donde esté, no elige, solo aprecia a Dios en todo lo que vive. ”¿ Y qué hiciste maestro frente a imágenes idólatras por varias horas? Jesús respondió: “Admiraba el arte y vi cuan hermosa puede ser la obra de Dios, a través de las manos de los hombres. Yo no adoraba, solo admiraba. Y nuestros ojos son las puertas para abrir el paraíso, pero cuando no estamos cegados de prejuicios por dentro. >

 Nelson Villacís
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