Finados, la cita de los vivos con sus muertos

porta-ibarraPor los vivos y los muertos canta y reza José Pozo. Desde hace 45 años, cada 2 de noviembre, entona melodías religiosas al filo de las tumbas en el cementerio San Miguel de Ibarra y ayer no fue la excepción. José tiene 75 años y por cada canción y rezo cobra un dólar.

La familia de José María Tulcán, fallecido en 1975, contrató el servicio de José Pozo para rendirle homenaje a su ser querido. El 2 de noviembre, Día de los Difuntos, también es la oportunidad de reunión familiar, como el caso de Lucía Martínez, que ayer acudió al cementerio con sus allegados para arreglar la tumba en la que reposa su padre Salvador Martínez, fallecido en 2008. Lucía dice que, junto a sus siete hermanos, siempre recuerda a Salvador, no solo en la época de Finados, cada cumpleaños, cada domingo y en fechas especiales están presentes en el camposanto. “Siempre está vivo su recuerdo y sus consejos”. Oraciones y lágrimas se mezclaron ayer en el cementerio, en la cita de vivos que visitaron a sus muertos. Jóvenes en busca de clientes para limpiar y pintar tumbas era la tónica en el cementerio, aunque se lamentaban porque el trabajo no estaba como en años anteriores, afirma Édison Pabón, mientras espera con sus brochas y los esmaltes rojos, plateados y dorados que alguna persona solicite su servicio por el que cobra entre tres y cinco dólares. Ayer, hasta el mediodía solo limpió tres tumbas. COMERCIO Papas fritas, sombreros, servicio de garaje, colada morada, guaguas de pan, helados, hornado, fritada, camisetas, chompas, cevichochos, fritada, algodón de azúcar, golosinas, frutas, globos, adornos florales, coronas y tarjetas son algunos de los productos que los comerciantes ofrecieron ayer a lo largo de tres cuadras de la avenida El Retorno, aledañas al cementerio San Miguel de Ibarra. Incluso en los autos, las personas aprovecharon para vender sus productos a los transeúntes. Mientras, otros abrieron la puerta de su casa para ofrecer la colada morada y las guaguas de pan. Blanca Ponce desde hace 25 años vende coronas y tarjetas para los difuntos, en las afueras del cementerio pero se quejó por la venta baja. En otras ocasiones de Finados vendía 150 tarjetas, ayer vendió 75, es decir la venta para ella cayó a la mitad. “La situación está difícil para las personas que ya no compran como antes”, lamenta. Ese fue el panorama ayer, gente que entraba y salía del cementerio, en el día dedicado a los muertos, a los seres que se adelantaron y que, además, se convierte en una oportunidad para visitarlos en su última morada. Y como afirma José Pozo, conocido como rezador del cementerio, el Día de Difuntos es la oportunidad de cantar a los que ya no están, de rezarles con fe, por el don que le mandó Jesucristo, dice el cantor que hoy dejará el cementerio para vender granos en el mercado…