Faltan corazones grandiosos

Me gustan esas gentes que alientan la importancia de amarse y se alimentan de valores como la generosidad, el compromiso, la constancia o el aguante.

De ahí la importancia de unirse y acoger, pues cada día se requiere más ayuda humanitaria, más disposición de la gente, más espíritus conciliadores.

Ojalá aprendamos la lección, y algo tan grave como son las violaciones a los derechos humanos, no queden impunes.

Un país donde permanezcan exentos, valores esenciales de convivencia, termina por corroerse en el abismo.

Lo mismo pasa con ese espíritu corrupto, mundano y engañoso, acaba también por destruirnos. Desde luego, hacen falta otros caminos de crecimiento, y no retroceso, el del amor es el que verdaderamente imprime vida y da solidez a nuestros andares.

Me niego, pues, a amoldarme a este mundo confuso, a entrar en sus injustos esquemas, a negar la triste realidad de muchas personas hundidas en la miseria, por no buscar la evidencia y asegurar la justicia.

Por desgracia, todo se ha vuelto tortuoso, lleno de mentira y soberbia, y nada es justo, porque hemos crecido sin autenticidad.

Este espíritu arbitrario constantemente nos flagela con mil desenfrenos y arrogancias, desconsiderándolo todo y haciendo de cada amanecer una dificultad más para cohabitar entre diversas culturas.