Existe temor y dolor en los venezolanos que viven en Ibarra

Ibarra. María Inés casi no quiere hablar, su acento le delata como una migrante venezolana y siente temor. Recordar lo que les hicieron, a ella y sus compatriotas, llena sus ojos de lágrimas; para ella su vida cambió desde el asesinato de Diana Carolina Ramírez, dice que siente mucho lo sucedido por ser mujer, pero lamenta las acciones de los ibarreños.

La mujer permanece en el semáforo de una de las avenidas más transitadas de Ibarra. Bajo un intenso sol busca vender todos los ambientales de vehículos, aunque ahora ya casi nadie le compra, le cierran el vidrio, le miran mal, y unos pocos, se disculpan por el accionar de un grupo de ciudadanos.

Testimonios. La mujer llegó a Ecuador caminando el 30 de noviembre, dejando a sus dos hijos en Venezuela y con la esperanza de mejorarles la vida.

Hasta el sábado vivía en una modesta hostal del centro de Ibarra, a donde llegaron un grupo de personas y le quemaron lo poco que tenía. Ella huyó junto a dos amigos para salvaguardar su vida. Ahora está escondida por las noches para evitar que el incidente se repita. Dice que muchos ibarreños se han disculpado, pero asegura que nada podrá borrar el terror que vivió de su mente.

“Me siento muy mal porque nosotros emigramos para venir a ayudar a nuestros familiares que se quedaron allá, estamos trabajando honradamente. Por un compatriota nos cambió el rumbo a muchísimos venezolanos, las personas nos gritaron malditos, lárguense de nuestro país, son unas lacras”, dice María Inés mientras las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas y el color del semáforo cambia para tratar de vender algo y reunir dinero para regresar a su país natal.

Junto a ella está José, de 35 años, quién llegó hace cinco meses a la ciudad y comercializa bebidas energéticas en el mismo sitio.

El venezolano lamentó lo sucedido con la joven ibarreña que perdió la vida, pero dijo que no es justo lo que ha tenido que vivir muchos compatriotas en la ciudad. “Tienen que cambiar el pensamiento de que por uno pagan todos, cada quién es responsable de sus propios actos y si alguien hizo el mal, tiene que pagarlo, para eso está el poder judicial. Por mi parte no le tengo rencor a nadie, porque tengo su sentir, es la primera vez que nos pasa esto y debemos aprender mucho”, dijo el hombre.

Otros regresaron. La noche de este martes 30 ciudadanos venezolanos optaron por retornar a su país.

Cuando tomaron el bus para dirigirse a Quito, en donde abordarían un avión para volver a su patria, la tristeza fue evidente, ya que con mucho esfuerzo llegaron a la ‘Ciudad Blanca’ en busca de un futuro mejor.

Sus sueños terminaron luego de que sintieron el rechazo de muchos ibarreños.

Ellos fueron los primeros beneficiados de la gestión realizada por la Coordinación Zonal 1 del Ministerio de Inclusión Económica y Social, MIES, que habilitó este corredor humanitario para el retorno voluntario financiado por el gobierno de Venezuela.

Tras los acontecimientos del último fin de semana, el MIES conformó equipos técnicos para focalizar la atención a las familias extranjeras que se encontraban en situación vulnerable.

A través de las educadoras de “Misión Ternura” y un equipo de 14 psicólogos se ejecutan actividades lúdicas y de contención psicosocial para los niños, niñas y adolescentes migrantes.

José espera que la situación mejore y que los ibarreños le acojan con el mismo cariño de antes.
María Inés prefiere no mostrar su rostro, dice que aún siente miedo luego de lo vivido el sábado.
Los ciudadanos venezolanos que residían en Ibarra fueron los primero que se acogieron al retorno voluntario la noche del martes.