Estatura baja, corazón inmenso

p2IBARRA. El piso luce reluciente. La sala de pediatría está impecable. David Delgado de 49 años es el encargado de la limpieza del quinto piso del Hospital San Vicente de Paúl. Andrea Saá estudia cosmetología, tiene 23 años y en nueve meses aspira graduarse. Geovana Gordillo vive en la Colón y Maldonado. Todos los días religiosamente lleva a su hija Nathaly a la escuela Oviedo, ubicada a cinco cuadras de su casa.

Historias. Ellos llevan una vida normal, a pesar que viven en un mundo de ‘gigantes’. David, Andrea y Geovana son tres de las cinco personas de talla baja que Diario EL NORTE localizó en Ibarra. Ninguno supera el metro 30 centímetros de estatura.

David, un ejemplo de superación

Para David, los quehaceres cotidianos son un reto, un impedimento grande. Debido a que se mueven en una ciudad pensada para gente de talla normal. Los obstáculos, burlas y vejámenes ya fueron superados. Él, trabaja hace 8 años en el Hospital San Vicente de Paúl.

Optimismo. Su 1.10 metros de estatura no ha impedido que salga adelante. “A veces la gente se asusta viéndome de lo rápido que soy. Yo no me enfermo, me gusta mi trabajo”, destaca el hombre de 49 años. Sus palabras son cortas, su acento guayaquileño no lo pierde, a pesar que vive en Ibarra hace más de tres décadas.

Falta de garantías. La ciudad y su sistema no son incluyentes como David quisiera. Al igual que personas con discapacidades motrices o visuales, la gente pequeña demanda infraestructura pensada para ellos.

Héroe. David es el único de los seis hermanos de talla baja. A pesar de sus limitaciones físicas, no se ‘achicopala’. “Es una persona muy amable, su trabajo lo hace de buena manera. También es muy cordial”, destaca Mirian Mayanquer una de las usuarias del Hospital.

Situación. La mayoría de las personas de talla baja disfrutan de una inteligencia normal y buena salud; no obstante, deben sortear las innumerables barreras sociales y físicas. Sus vidas no son de complejos, a pesar de sufrir acondroplasia, trastorno genético que impide el crecimiento de los huesos.

Andrea sueña con ser cosmetóloga

Al otro lado de la ciudad se encuentra Andrea la hija menor de la familia Saá-Flores. Nació en Ibarra el 4 de febrero de 1991, tiene 23 años y mide 1.25 cm Ella, también ha sentido burlas y ha sufrido en carne propia las desigualdades. Hacer compras en el supermercado; subirse a un bus y llamar de un teléfono público es parte de los obstáculos que ha ido superando.

Sus palabras. “Es muy difícil salir a la calle; la gente mira, se ríe y se burla”, explica con la seguridad del caso. Su casa en Yacucalle es normal y tiene algunas adaptaciones, que le permiten sentirse mucho más cómoda.

Su vida. Graduada de la escuela María Angélica Idrobo de Ibarra, Andrea sufrió todo tipo de burlas. Esto le permitió forjar su carácter fuerte e interesarse por el tema. “Me dijeron que salí así, por ser de la quinta generación de mi familia. No se sabe exactamente quien, pero mi caso es hereditario”, lo asegura con la madurez del caso.

Superación. Los problemas de David, Andrea y Geovana van desde el rechazo y la burla social; hasta la incomodidad para subir un ascensor; hacer trámites en las ventanillas de los bancos, sacar dinero de cajeros electrónicos, usar un baño y subir o bajar las veredas, son el pan de cada día.

Geovana también luchó contra todo

Las personas de talla baja disfrutan de una inteligencia normal y buena salud; no obstante, deben sortear las innumerables barreras sociales y físicas.

superación. Historia similar a la vivida por David y Andrea, la afrontó Geovana quien nació hace 31 años en Pablo Arenas, Urcuquí. Sus primeros 13 años, no tuvo mayores inconvenientes, vivir en la parroquia rural donde todos se conocen le ayudó mucho.

Suplicio. Pero todo cambió cuando llegó a Ibarra. “Hay mucha gente que te ve y es como ver a un feto. Fue muy duro estar sin papá ni mamá. Pero mi familia es muy unida y me ayudó a salir adelante”. Geovana también es fuerte, su 1.25 cm de estatura no fue impedimento alguno para salir adelante.

Ñeque. Al igual que los dos casos anteriores sufrió todo tipo de discriminación. Pero lo afrontó con la madurez del caso. En su casa tiene todo tipo de adaptaciones que necesita, así que no tiene mayores inconvenientes.

Razon de su vida. Hace 12 años nació su hija Nataly quien fue su envión anímico para enfrentar este mundo literalmente de ‘gigantes’. Nathaly empezó a sufrir las mismas burlas que su mamá, pero eso no la desmotiva.
Sabe que su madre lo es todo y su familia le ayuda a salir adelante.

Cuadro médico. Médicamente la acondroplasia es causada por una mutación en un gen que participa en el crecimiento de los huesos que se llama Factor de Crecimiento Fibroblástico tipo 3 (FGFR3), el cual está localizado en el brazo corto del cromosoma 4.