Esperan el color rojo del semáforo para trabajar

Ibarra. Los semáforos ahora se han convertido en un espacio de trabajo para la mayoría de extranjeros que lo hacen por necesidad, pero otros por el gusto a mostrar su arte o cultural, así como los aventureros o mochileros.

El color rojo de estos semáforos alerta a los ciudadanos para empezar a ofrecer sus productos y acercarse a los conductores, que muchas veces se sienten molestos.

En cada uno de estos puntos hay cerca de cinco personas que se dedican a vender o limpiar el parabrisas de los vehículos.

La mayoría de los semáforos que están ubicados en las vías principales del cantón están siendo ocupados por estas personas, algunas son nuevos como los extranjeros y otros ya tienen más de 20 años en estos puntos.

Su historia. María Chiles se ha dedicado a vender franelas casi toda su vida, tiene 48 años y aseguró que ofreciendo sus productos en los semáforos pudo educar a su hijo, que tiene 28 años de edad y ahora es licenciado en gastronomía y trabaja en Quito.

Cuando tiene suerte y los conductores sí compran ha llegado a reunir hasta 20 dólares diarios.

Decidió dedicarse a este oficio porque comentó que hasta para vender helados le pedían el título de bachiller, algo que a ella aún le hace falta.

“Como yo no soy bachiller me puse a vender en los semáforos”, aclaró mientras sostenía en una mano las franelas y en la otra los guaipes.

También se dedicó a vender el diario y tarjetas para los celulares. Es madre soltera y ahora le ha tocado seguir educando a su hija, que aún está en la escuela.

Antes su lugar de trabajo (semáforo) estaba en la avenida Mariano Acosta, pero ahora se trasladó hasta la avenida Cristóbal de Troya, al norte de la ciudad.

Su jornada empieza a las 07:00, a las 12:00 almuerza y vuelve al semáforo hasta las 18:00.

Extranjeros. Así mismo Raydryz Castillo es un joven venezolano que empezó a limpiar parabrisas hace 15 días. Tiene 22 años, es bachiller y salió de su país por el problema económico y político.

Se dedica a este oficio porque para él es más beneficioso y llega a las personas con más respeto. “Pedimos permiso para no tener problemas con ellos”.

En uno de los semáforos de la avenida Cristóbal de Troya se ubica junto a su primo. Ellos inician su labor desde las 07:00 hasta las 21:00, todos el días, “no hay descanso para nosotros”.

Señaló que tienen que hacer lo posible para comer.

“Buenos días amigo me permite, disculpe la molestia, si será tan amable”, es la frase que utiliza el joven para llegar a los conductores. Solo en una propina ha podido recibir hasta 10 dólares, comida y también algo de ropa.

“Sería bueno si pudiéramos conseguir un empleo donde tengamos una buena remuneración”, añadió Raydryz, quien no tiene visa ni pasaporte, su único documento es la carta andina. “No es una entrada para poder trabajar en cualquier negocio”, dijo.

Su plan es quedarse aquí, tener en orden sus papeles y no volver “nunca a Venezuela”, acotó.

Trabajo. De esta forma muchos jóvenes, adultos y también niños hacen de los semáforos un espacio para trabajar.

Más adelante, en la avenida Mariano Acosta está Jason Gómez, otro joven pero colombiano, que expone su arte en las calles.

Junto a cuatro aventureros más interpretan un tema musical, hacen malabares y con toda la actitud, mostrando una sonrisa piden colaboración.

“Estamos innovando para nosotros mismos, para la gente e intentando también sobrevivir con ello”, manifestó.

Para él, un viajero se queda pocos días en una ciudad, “a veces meses o semanas”. Recolectan un poco de dinero para continuar con la aventura, así como un mochilero. “La idea no es capitalizar sino hacer lo necesario y poder recorrer los hermosos territorios que tiene nuestro planeta”, añadió. Están en Ibarra casi una semana, salieron desde Colombia y ahora piensan llegar al Sur, Bolivia, Perú, Argentina, “el mundo”, dijo Jason. Para él el semáforo es un pequeño escenario.