Mientras enterraban a su padre recibían la noticia de que su hermano superó el Covid-19

“Voy a volver en ocho días”, fueron las últimas palabras que escuchó decir a su papá, Pilar Narváez, una mujer fuerte que mientras tenía que enterrar a su padre, debía recibir a su hermano en casa, quien se recuperaba del Covid-19, después de estar entubado por más de 40 días.

Esta fue una de las lamentables escenas por las que pasó Pilar desde que empezó el año. Estuvo acompañando a su mamá Luzmila García en unos tratamientos en Solca, en Quito; después hospitalizó a su papá, Luis Rigoberto Narváez y al mismo tiempo a su hermano Jony en el IESS de Ibarra.

Los dos estaban contagiados de Covid-19, pero solo su hermano salió de cuidados intensivos. Sin embargo, luego de pasar por el fallecimiento de su mamá, Pilar ya se preparaba para volver a recibir otra terrible noticia.

Pilar cuenta que su papá sí superó el Covid-19 y ya estaba listo para salir de cuidados intensivos, “cuando comenzaron a despertarlo él ya no quería colaborar. Al parecer la depresión le venció”.
De los cuatro hermanos, solo tres se contagiaron con el coronavirus, Pilar sintió algunos síntomas pero se mantuvo activa y con la preocupación de lo que estaba viviendo.

El 26 de julio junto a su familia y de manera virtual iban a hacer una oración por su papá, pero en ese momento recibe la noticia de que había fallecido, al mismo tiempo tuvo que acudir al hospital para el reconocimiento del cuerpo y lo hizo mediante videollamada, “fue una situación bastante dura para mí”.

La primera en irse fue su mamá, un 2 de junio, quien no pudo ser operada porque estaba contagiada de Covid-19 y tuvo que aislarse, en un área del hospital de Solca en Quito, donde falleció y según Pilar no fue por la enfermedad.

Luzmila, la madre de estos cuatro hermanos, tuvo un cáncer de mama hace unos 11 años y lo superó. En el control que se realizó el año anterior le volvieron a detectar cáncer, a pesar de que se sentía sana.

Pilar mencionó que le detectaron unos nódulos en el pulmón en julio de 2019, y desde ahí comenzaron a sufrir crisis emocionales.

En enero se hizo una cirugía en el pulmón para obtener solo la muestra, pero los médicos determinaron que había que investigar de dónde se disparaban las células.

Estaban en procesos de viajar entre enero y febrero de este año para buscar el diagnóstico definitivo.

Lograron trasladarse a Quito en marzo, abril y mayo, cuando empezó la pandemia. Pilar señaló que en mayo su mamá comenzó a ponerse amarilla mientras la pandemia seguía avanzando, sobre todo en Quito. Por tres ocasiones, Luzmila fue hospitalizada y Pilar no se separaba de su madre, en ese tiempo fue donde se contagiaron de Covid-19.

Antes de eso, su mamá presentaba un taponamiento del conducto biliar. Le iban a poner una prótesis, pero no se consiguió y tuvo que estar en los últimos días de vida con un catéter por la parte de afuera, “ahí comenzó el fin de mi mamá. Le hicieron mal, hubo contratiempos y teníamos mucho riesgo de contagio”.

“Nosotros somos un testimonio de la gloria de Dios y la misericordia de él. Sí, se fueron mis papás porque ya no quisieron luchar también, así estaba dispuesto y previsto por Dios, pero ganamos la vida de mi hermano”, comentó Pilar.