Esas otras dictaduras

Son aquellas que asumen un poder real contra la voluntad ciudadana. Una especie de “gobierno” apropiado que impone su voluntad más allá de sus funciones o de las que aseguran son las que legalmente poseen como organización, las que les permiten sus estatutos, la Constitución y las leyes.

Las dictaduras, las reales, son rechazadas por los ciudadanos porque imponen regímenes que desconocen el ordenamiento jurídico, rompen con los principios democráticos, la alternabilidad en el ejercicio del poder y asumen, con frecuencia, facultades omnímodas. Con muchísima frecuencia, el pueblo sanciona a los dictadores, los obliga al ostracismo y al olvido. Pero las “otras dictaduras”, no. Pueblos y naciones, sus ciudadanos son mucho más tolerantes y, quién sabe, complacientes con otras organizaciones civiles poderosas, autoritarias, verdaderas dictaduras que, revestidas de un halo democrático, de supuesta lucha por los intereses populares, imponen sus propias visiones y soluciones a estados y gobiernos. Lo hacen, generalmente, a través de presiones de la opinión pública, hoy llamadas redes sociales, la manipulación de los datos, los supuestos informes técnicos… sobre todo con el chantaje, las paralizaciones, las manifestaciones que calificadas de “pacíficas”, detonan la violencia. Altamente politizadas, de derecha o de izquierda, son capaces de movilizar masas dispuestas a seguirlas ciegamente buscando políticas ilusorias. Esas dictaduras reales, a las que estados ni gobiernos controlan están presentes.