Enma Montesdeoca: Arte y Comprensión (II)

La señora Enmita o “mama” Enmita, en verdad fue como una madre de cada uno. Una persona excelente; hermosa como maestra. No se olvidaba de los alumnos que se destacaban para continuar impulsando”.

El hombre o la mujer es su estilo. Estos recuerdos me han llevado a trazar una interpretación de lo que para el espíritu es un regalo adornado con el respeto al personaje y su protagonismo. El arte para la maestra es una interpretación trasmitida para elevar el desarrollo psicológico de los jóvenes. Ha sido justamente su alta comprensión a ellos, lo que le hacía esperar lo mejor de cada uno. Su enseñanza consciente ha servido para el autodesarrollo y la transformación personal, objetivo sin el cual, en realidad no habría cultura, ni arte, ni civilización. Conocedora a fondo de su profesión, enseñó dando ejemplo; ideal en toda actividad docente. Su comprensión del alma estudiantil hizo que se muestre en su entrega total al alumnado y al mismo sistema del plantel educativo. Supo que el alumno no es más que su capacidad de comprensión, teniendo en ello lo único que lo define. Mientras enseñaba tenía en claro que para comprender es preciso aprender y aprender es percibir en uno mismo la verdad de lo que enseña; que “Tal cosa es así”. “Tal cosa se hace así”. Para ella la comprensión del arte depende entonces del conocimiento y el nivel de ser de cada persona. Con este concepto del quehacer artístico, la maestra se afirmó en el valor de la emoción estética, del entusiasmo intelectual y de la misma atención dentro del taller y frente a la obra. Exigía voluntad y esfuerzo. Evitaba que el alumno no haga las cosas mecánicamente sino con creatividad, originalidad, individualidad. Su oportuno consejo servirá para comprender que, solo la emoción estética alimenta la moral y la inteligencia. Su fuerza instintiva o “maternal” lo asoció a la manifestación de la facultad creadora. Todo esto y mucho más, explica los hermosos y artísticos sueños convertidos en hacer de ella, a través de los tiempos, en “magnetizadora” y bien apreciada personalidad de maestra, que tiene un sitio preferente en el corazón de varias generaciones.

 César Pavón Sánchez
     Especial para diario EL NORTE