Encuentran osamenta luego de 8 años de la desaparición de cinco personas en Puruhanta

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Ibarra.- “Ha aparecido una bota con un hueso en la orilla la laguna. Yo no la ví, pero quienes la vieron aseguran que es la bota de mi hijo”, dice María Morán, madre de Amílcar Lima y suegra de Nancy Arcos, desaparecidos en la laguna de Puruhanta el 29 de diciembre de 2009.

Con lágrimas y desconsuelo la mujer se refiere a la desaparación de sus familiares y el hermano, primo y vecino de su nuera.

María dice sentir una esperanza de que el cuerpo de su hijo aparezca luego del hallazgo de la bota. “No he dormido desde que me avisaron de lo sucedido, no como y mi corazón sufre igual que antes”, asegura la mujer.

Averiguaciones. Ella y su cuñado, Luis Rosero, viajaron desde Quito, ya que les informaron que el calzado y la osamenta fueron retirados por miembros policiales, y llevados hasta la capital, según un grupo de personas que estaban pescando en el sector.

“No sabemos nada, no han llamado a informar y tampoco a pedir una prueba de ADN para ver si el hueso pertenece a Amílcar, dijo Luis.

María recuerda que las autoridades no quisieron seguir apoyando la búsqueda y que un ciudadano elaboró unos artefactos especializados para buscar cadáveres, pero nadie quiso prestarles la canoa que debía permanecer en el lugar.

“Acampamos días enteros junto a la familia de mi nuera. Las personas del sector se unieron a la labor, sin obtener resultados”, menciona.

Dolor. Al no tener resultados, cruces y arreglos florales se colocaron en la laguna, como recuerdo de los desaparecidos. Según María, José Daza, alcalde de Pimampiro en ese año, le dijo que el lugar es un camposanto y que los cuerpos se quedarían ahí.

“Como no tenemos recursos no podemos seguir buscando, pero nunca voy a perder la esperanza de que el cuerpo de las cinco personas aparezcan”, concluyó la desolada madre entre lágrimas.

Recuerdos. Amílcar y Mayra dejaron un hijo en la orfandad. El niño de ahora de 12 años tiene autismo y epilepsia, no recuerda a sus padres y cree que María es su madre.

El transcurso de ocho años no ha borrado el dolor de las familias y esperan que en algún momento los cadáveres salgan a la orilla, y al fin, puedan darles sepultura.

Diario EL NORTE intentó comunicarse con personal de Criminalística en Quito, pero no se obtuvo respuesta.