En Tulcán existe un espacio para superar adicciones

Tulcán. Con apenas 14 años, *David es parte de un grupo de pacientes que busca superar la adicción a sustancias estupefacientes. A su corta edad, es uno de los cientos de adolescentes que tras ser abordado en los colegios e inducirlo al consumo de drogas, terminó también siendo expendedor.

Pusher. El método de captación se conoce según los médicos como ‘drug pusher’, “alguien que alienta a otros a tomar drogas ilegales y que hace dinero suministrándolas”.

Los menores son abordados entre los 11 y 12 años. Les proveen gratuitamente todo tipo de sustancias hasta volverlos adictos. Una vez lo son, la droga ya no es obsequia, se vende; pero al ser estudiantes y no tener dinero para comprarla, quien los captó les ofrece convertirse en expendedores y así ganar dinero para pagar su adicción.

Ayuda. Algo así pudo ocurrirle a *David; aunque ni siquiera su madre sabe a ciencia cierta, ni quién, ni cuándo lo indujeron a ese mundo. En el antiguo hospital de Tulcán, donde era el área de maternidad, la mujer espera que su hijo termine la terapia grupal del Servicio Ambulatorio Intensivo en tratamiento de alcohol y drogas, que hace tres semanas empezó en este lugar. Junto a este adolescente está también *Esteban, quien lleva 19 años consumiendo drogas y asegura ha probado de todo y *Amalia quien por un cuadro de depresión terminó en el alcoholismo.

La mamá de *David recuerda que tres años atrás notó cambios en el comportamiento de su hijo. Comenzaron los llamados de atención del colegio, hasta que finalmente supo consumía marihuana; aunque los médicos citan que ha ingerido sustancias más fuertes. Como madre ha hecho de todo para ayudarlo. Estuvo en terapia e incluso lo internó en un centro en Otavalo, pero no hubo efecto. La terapia grupal es otra alternativa que busca agotar en esperanza de su recuperación.

Problemas. Pero en ese camino sostiene que la lucha ha sido más que difícil. En principio porque no supo cómo reaccionar y cuando pidió ayuda en el colegio, nadie supo guiarle. Se enfrentó a la discriminación de ciertos docentes y autoridades, que lejos de ayudarla veían a su hijo como un problema, alguien que manchaba el buen nombre de la institución y a quien había que aislar, ocultar. Esta madre siente que en el colegio solo esperan que su hijo deserte. Por eso reflexiona que el consumo de drogas entre los adolescentes es una problemática que padres de familia, docentes y autoridades necesitan admitir. “Mi hijo no es el único, he visto muchos chicos con los mismos problemas, pero a las instituciones les importa más el qué dirán, que ayudar verdaderamente a los estudiantes”.

Reclama que hace falta preparar a los docentes en una verdadera prevención y una ruta de ayuda para quienes ya están inmersos.

Iniciativa. Juan Carlos Pilacuán, psicólogo responsable del Servicio Ambulatorio Intensivo, SAI, en tratamiento de alcohol y drogas, afirma que se ha podido establecer que el primer consumo ha disminuido a los 11 años. “Eso nos da un sentido de alarma muy fuerte. En estas dos semanas que hemos empezado a trabajar en el servicio han venido muchas mamás solicitando ayuda para sus hijos”. Para el profesional también es necesario que la sociedad reconozca que hay un problema y se requieren acciones urgentes.

Reconocer. El tratamiento del SAI es intensivo mediante terapia ocupacional, familiar, grupal individual, arte terapia. Se están adecuando espacios de deporte, una biblioteca, sala de música, entre otros.

La idea es generar alianzas con los gobiernos locales para enfrentar la problemática social y de salud.

El proceso intensivo toma seis meses con módulos de dos meses: inclusión, recuperación y reinserción social.