En San Antonio de Ibarra existen 720 colmenas de abejas, consideradas en riesgo mundial

San Antonio. “Si la abeja desapareciera del planeta, al hombre solo le quedarían 4 años de vida”. Esta frase, de Albert Einstein, puede parecer exagerada, pero es una impactante manera de situar a este animal en el importante lugar que ocupa para la especie humana. Ahora, el planeta debe lamentar una peligrosa amenaza pues las abejas son ya una especie en peligro de extinción.

Los factores. Según la información proporcionada a EL NORTE por el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la progresiva extinción de las abejas en nuestro país se debe a varios factores, uno de ellos es el abuso de pesticidas y herbicidas en las producciones agrícolas. A esto se suma la contaminación ambiental y el aumento de temperaturas provocado por el calentamiento global, que acaban por terminar a las abejas. En este sentido, también se debe mencionar el desconocimiento del manejo de la producción apícola (malas prácticas apícolas, mala aplicación de insumos, desconocimiento de los apicultores en alimentación y nutrición de las abejas), son factores que causan que la cantidad de abejas disminuyan en el país.

Apícola en Ibarra. Sin embargo, también hay productores que han tomado conciencia de esta problemática y toman las medidas correspondientes.

Laureano Carlozama, presidente de Apícola Imbabura, comenta que en San Antonio cuentan con 720 colmenas con tendencia a un aumento. “Además que les damos el cuidado correcto y necesario, también nos beneficiamos con la miel para brindar salud a las personas”, dice.

Producción. Carlozama comenta que en el tema de producción sí se ha evidenciado una baja, sobre todo por el uso indiscriminado de pesticidas, aunque en su apícola intenta mantener un nivel adecuado de producción. Es así como recolectan la miel en etapa de floración , se almacena y se distribuye posteriormente, considerando que la miel no es perecible. “Esta es una herencia. Soy la tercera generación pues mi abuelito tenía abejas, mi papá tiene abejas y hemos continuado con el legado”, dice.

Una alternativa. La disminución de las poblaciones de polinizadores y el impacto en los servicios ecosistémicos que esto implica, han provocado que el interés por las abejas y su conservación vaya en aumento. La alternativa está en las “abejas nativas”, que además de la producción de mieles con características especiales, una de las grandes virtudes de estas abejas es su efectividad en la polinización de cultivos. Los especialistas consideran

importante la revalorización mediante programas que estimulen su manejo, así como la protección de su hábitat natural.

Diferencias. Las abejas nativas no pica, aunque tienen otros mecanismos de defensa como, por ejemplo, mordeduras. Además tienen un ciclo de vida más largo a comparación de las abejas que pican, estas últimas es de aproximadamente 45 días mientras que las nativas puede ser entre 2 o 3 meses.

En cuanto a la producción, si hay un buen manejo, las abejas comunes, producen de 100 a 120 kilos de miel al año, las nativas producen desde 100 mililitros hasta 3 litros al año.

“Es una diferencia bastante grande pero la idea es masificar la actividad de las abejas nativas. Tener cientos o miles de estas abejas para equilibrar el tema de producción”, dijo Fernando Espinoza, especialista en abejas sin aguijón (meliponicultura).

Además comentó que tienen otro tipo de alimentación, por lo tanto, no compiten con las abejas comunes. De igual forma puso de ejemplo a Brasil que tiene 400 colmenas por hectárea, haciendo referencia a que en Ecuador también se podría hacer esto realidad.

Hace falta apoyo. El especialista comenta que lleva trabajando cuatro años con abejas nativas, pero que lamentablemente la actividad no es apoyada por los organismos gubernamentales. Esto es por el poco conocimiento de la especie aunque son una alternativa contra la extinción.