En Ibarra, los vuelos en parapente ya son inclusivos

Fueron ocho meses de armado y desarmado de piezas. De poner piezas y tubos por ahí y quitar otros por allá, pero a Jorge Duque, piloto ibarreño de parapente e instructor internacional de este deporte, nadie le quitó la idea de armar una silla especial para que las personas con algún tipo discapacidad pueda surcar en parapente el cielo ibarreño. Así nació “Avatar”. Y, ahora, en el norte del Ecuador, los vuelos en parapente ya son inclusivos.

El creador de “Avatar”
A Jorge, su pasión por esta disciplina de altura y también para aprender más sobre ella, lo han llevado a diferentes partes del mundo. En el 2010, en territorio estadounidense, donde siendo piloto de tándem (parapente en el que vuelan dos personas), tuvo la oportunidad de volar con ciudadanos que tenían algún tipo discapacidad.

Fue en ese instante, donde a Duque le nació la idea de crear un aparato adecuado para que las personas que presenten algún tipo discapacidad puedan volar de una forma más cómoda, pero sobre todo muy segura.

El experto en parapentismo, ayudado por amigos y varios miembros de su familia, incluso, utilizando material reciclado, logró cristalizar su idea. Ahora, las personas con discapacidad, siempre y cuando las condiciones climáticas lo permitan, también pueden experimentar volar de una manera segura en parapente.

Días atrás, un equipo de Diario EL NORTE fue invitado para ser testigo y ver en el aire esta innovadora idea. En esta ocasión, y como si fuese cosa del destino, quien tuvo la oportunidad de volar en “Avatar” fue Jorge Ortiz, un teniente de Policía, quien en 2018 sufrió una grave lesión en su columna, producto de un accidente mientras participaba en una competencia de ciclismo de montaña.

En primera instancia, según el diagnóstico médico, Jorge iba a quedar condenado a una silla de ruedas. Pero un mes después del accidente, él manifestó que en el próximo contacto con Diario EL NORTE, va a ser cuando vuelva a ponerse de pie y a vuelva a caminar. Así fue, dos años después, el miembro de la Policía Nacional, ayudado con un andador, volvió a dar unos cuantos pasos. Ahora, 14 meses después, se montó en “Avatar” y vivió una experiencia única en el cielo ibarreño.

Él, con todas las medidas de seguridad, disfrutó de un vuelo de alrededor de 10 minutos.

“Tengo un poquito de miedo, pero esto es algo que siempre quise hacer”, mencionó Jorge, quien el día que se realizó el vuelo estuvo acompañado por su novia y parte de su familia.

Para realizar este tipo de vuelos, Jorge Duque no corre ningún tipo riesgo, ya que su prioridad es garantizar la seguridad de sus acompañantes. Primero, utilizando una especie de simulador artesanal, en tierra da todas las instrucciones de lo que posteriormente va a suceder cuando estén en el aire.

Una vez brindada la charla, se dirigen a uno de los sitios de despegue que existen en la Ciudad Blanca. Con Jorge Ortiz, tanto el despegue como el aterrizaje lo realizaron desde un amplio espacio que está junto a las antenas ubicadas en “Lomas de Azaya”.

Antes de Jorge Ortiz, otra persona con discapacidad que experimentó volar en “Avatar” fue Manuel Segovia. “La primera vez que se vuela uno siente libertad. No tienen idea como una persona con discapacidad lo describiría. Es libertad total”, mencionó Segovia en una entrevista anterior con este rotativo.