En defensa de las Islas Galápagos

Las Islas Galápagos no son portaviones de nadie. Su destino desde hace siglos es ser uno de los laboratorios naturales más hermosos del mundo, declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad. Con el pretexto de combatir el narcotráfico y un puñado de monedas, los EE UU quiere utilizar un aeropuerto civil para uno de sus aviones detectores de narcolanchas. Es decir incorporar a la Isla San Cristóbal a esa lucha que se ha demostrado desde hace años insuficiente contra el fatal fenómeno de las drogas.

Sabemos que hay otras tecnologías como las satelitales que podrían ser aplicadas sin riesgo para el control del mar. Decimos también que corresponde a Estados Unidos el control del crecimiento de su demanda interna de cocaína y que no son solo los países andinos los malos que producen o comercializan, último caso éste, el de Ecuador. EE UU ha invertido miles de millones de dólares en los últimos años para financiar la lucha contra la droga en Colombia, con resultados muy poco favorables, pues la superficie de cultivo de coca en vez de disminuir ha aumentado y como rebote varios de los departamentos colombianos se han transformado en sedes de la más destructiva violencia, con el agravante que al Ecuador vienen a parar los perseguidos por esos narcos y grupos irregulares. ¿Hay el riesgo de trasladar esa violencia a una isla tan pacífica como San Cristóbal, cuyo aeropuerto queda a escasos 200 metros de la población civil?