En Buenos Aires de Urcuquí existe incertidumbre por el tema minero

Urcuquí. Un bus de una cooperativa interprovincial frena su marcha en el centro de la parroquia Buenos Aires. El arribo de personas en busca de días mejores, es el pan de cada día en el sitio, sin embargo la llegada en los últimos días ha disminuido notablemente y los mineros tienen dos opciones, esperar que se abra el paso hacia los yacimientos de oro, o retornar a sus hogares.

Hace una semana el ingreso a la Mina Nueva, Mina Vieja y El Olivar, fue cerrado por los pobladores, quienes se cansaron de la inseguridad, delincuencia, extorsiones, venta de droga, prostitución y presencia de grupos armados. La principal reacción fue frenar el paso a miles de personas, que ayer se encontraban deambulando por el centro poblado.

Para los mineros esto es una emergencia. No saben si es mejor estar en la cabecera parroquial sin trabajar, o en las minas sin comida, agua y combustible. Los comuneros han sido claros, y poco o nada les ha importado que existen niños, adultos mayores y mujeres embarazadas en la loma, y la decisión fue que nada ni nadie pueda cruzar ‘La Cadena’ y se han apostado en la entrada de la vía con un plástico encima. Entre ellos se turnan para vigilar que nadie pase y aseguran que la medida se mantiene hasta que las autoridades les ofrezcan una solución. Un minero comentó, luego de caminar cerca de seis horas, que en el sector de ‘La Visera’ los grupos armados están registrando a la gente que sale, y una vez afuera, no vuelven a entrar.

Situación. A pocos metros de ‘La Cadena’ se encuentra un pequeño grupo de uniformados que se turna para vigilar el ingreso. Los agentes pertenecen al Grupo de Intervención y Rescate (GIR), Grupo de Operaciones Especiales (GOE) y Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO).

Los policías prefieren no hablar de la compleja situación y solo se limitan a revisar a todo el que sale.

Miles de personas, entre transportistas, mineros, ayudantes, vendedores de comida y comerciantes llenan las principales calles de la parroquia. Entre murmullos aseguraron que no sabían que decisión tomar, si seguir esperando que el paso se abra, o, retornar a sus lugares de origen. Para los venezolanos, colombianos, peruanos y demás extranjeros, la situación se agudiza y afirman que el dinero se acabó y ya no tienen para alimentarse y pagar su estadía.

La gente ha bajado en grandes cantidades en estos días desde los yacimientos. Hasta el cierre de esta edición se mantenía el cierre de la vía, sin embargo los pobladores estaban reunidos en el coliseo de la parroquia. Mientras la diligencia se mantenía a puerta cerrada, los pobladores y foráneos limpiaban las calles con la esperanza de que les abrieran el paso para retornar a la mina.

Testimonios. En la última semana todos se han mantenido a la expectativa, y con mochilas, botas y machetes en mano, esperaron durante todos los días poder seguir trabajando. Varios mineros comentaron que las ganancias varían depende el trabajo que realicen en el lugar, pero lo que han reunido en el último mes se ha agotado en esta semana por la paralización en la vía.

Tres trabajadores colombianos, oriundos del Valle del Cauca, Medellín y Santander, llegaron hace un año al sitio y se dedicaron a trabajar en la mina en distintas actividades. Ellos aseguran que el pago diario oscila entre 30 y 50 dólares.

“Estamos esperanzados de que todo se arregle, arriba están nuestros hijos y mujeres y ya no tienen nada. Ellos subieron para trabajar y estar a nuestro lado, somos gente valiente y veremos que es lo que nos toca, queremos que salgan los grupos armados, que por ellos se han ocasionado los problemas”, dijo uno de los hombres.

Otro de ellos manifestó que hay gente de todo lado en los grupos armados. “Usan armas largas, los hemos visto, tenemos temor de lo que pueda pasar con nuestras familias. Nosotros estamos resignados, así nos maten, pero nuestra familia es sagrada. La opinión está dividida en el pueblo, unos están de acuerdo con los mineros, otros no, pero no nos vamos a dar por vencidos, tenemos muchas metas y sueños”, agregó el ciudadano que se hospeda hace un año en uno de los alojamientos del sector.

Declaración. El temor a dialogar predomina en la población, sin embargo un miembro del GAD Parroquial dijo que la situación en el sitio es gravísima, desde la llegada de la minería ilegal.

Con notable preocupación habló de la presencia de los grupos armados y se solidarizó con las personas que no han podido laborar.

“Solicitamos apoyo y ayuda de las autoridades, pero no recibimos respuestas y dejaron madurar el problema. Aquí van a haber desgracias, inconvenientes que a nadie nos conviene, realmente estamos súper mal. El pueblo pidió el desalojo, porque la violencia es algo fatal, el Gobernador les había dicho que vendrá a resguardar el Ejército, que sí ha venido, pero entran, hacen un operativo y se regresan. Nos da pena de la gente que viene a buscar trabajo, aquí se ven lástimas por la falta de empleo; por la falta de legalización están como ladrones, no estamos a favor ni en contra, porque hay gente que aquí también llega con buena voluntad”, aseguró el dirigente.