En actitud positiva siempre (II)

Personalmente, reconozco que este modernismo irrespetuoso e intolerante, de quien dice hoy una cosa y mañana hace la contraria, me saca de quicio. Objetivamente y con generosa honestidad, convendría que analizásemos, cada cual consigo mismo, su propio progreso evolutivo de equilibrio, aquel que sustenta nuestros movimientos y que despliega constantes energías, ya sean de espíritu o de fortaleza inteligente. No hay mejor sentimiento que la de sentirse sosegado. Sólo así se puede cambiar el modo de pensar y de vivir en el mundo de hoy. Dejémonos de combates, venganzas o despechos, prefiero aquellas gentes que saben dominarse, dispuestas siempre a perdonar y a reiniciar andares, con nuevos y armónicos rumbos, aunque tengan los ojos llenos de lágrimas. Fuera tensiones. Destronemos incertidumbres robustecidas generalmente por falsedades. La cuerda puede romperse en cualquier momento. Ya está bien de confrontaciones. Pongamos quietud meditativa en el camino. El arte de escucharse dentro de sí es lo que realmente nos hace modificar maneras de ser y de estar, como puede ser la vergüenza de haber perdido el sonrojo, ante un mundo devorado por tantas crueldades y miserias humanas. Sin duda, avergonzarse y arrepentirse es ya un gran paso, por muchos contratiempos que se nos presenten. Y, ciertamente, a mi juicio nos encontramos en un momento crítico, máxime en una época en la que el soplo corrupto, todo lo pervierte.