Elogio a la mujer

Esto decía acerca de la mujer, el más grande escritor ecuatoriano de todos los tiempos, Juan Montalvo Fiallos: La mujer viene a ser el maestro primitivo del cual aprenderemos a ser buenos o malos, importantes o para nada. Lo que se aprende en casa tarde o temprano sale a la calle. Raro será que un buen hijo sea mal discípulo, que un buen padre de familia sea mal patriota. Si es buena madre criará Escipiones, dará Gracos, y habrá hecho por la humanidad lo que nunca pudo hacer el hombre más valiente e ingenioso.

Las épocas más brillantes fueron siempre aquellas en que más preponderaron las mujeres, tales como la de Pericles en Atenas, la de los Escipiones en Roma, y en los tiempos modernos, la de las Sevigné, las Laffayette y las Stael en Francia.

Si la influencia de la mujer sobre el varón fuera de todo punto nula, éste sería un animal feroz e indómito, que no conociera las dulzuras de la vida, y anduviera tropezando con todas las penalidades y miserias.

Las mujeres hacen de flores; todo lo embellecen, todo lo perfuman con su presencia, lo feo es hermoso, lo triste alegre, las ruinas cobran vida. Sin mujeres no hay belleza ni verdad. Si otro mérito no tuvieran las mujeres que el de no poder vivir nosotros sin ellas, ya era eso gran título para celebrarlas; ahora, si tomamos en cuenta las mil celestiales sensaciones y felicidades que nos labran, no hay voz para hacer su apología.