El vino de mortiño

Entre las recetas de las abuelas y los sabios secretos de los ancestros, la gastronomía nacional, pone énfasis en el mortiño, fruta conocida en el argot culinario como la “Perla de los Andes”, la baya colorea en forma silvestre, no solo los páramos de tonos lilas y morados, sino las grandes mesas de reconocidos restaurantes, pues su diminuto fruto combina perfectamente guarniciones de sal y de dulce.

Este mismo fruto que por historia complementa la tradicional colada morada, preparada principalmente en Finados, cautivó a una pareja de empresarios jubilados, que recientemente se asentaron en Otavalo, -por la facilidad de abastecerse del producto-, con el propósito de elaborar artesanalmente el vino de mortiño.

Con este propósito levantaron un pequeño taller con los implementos necesarios para la preparación del producto, que es promocionado mediante ferias en donde realizan la degustación.

Su proceso, según comentan no es complicado, consiste en triturar la fruta, el líquido es filtrado y fermentado hasta obtener un grado de alcohol del 14%; en este proceso se añade panela y se conserva entre cuatro y ocho meses, finalmente se lleva a cabo la pasteurización, envasado y distribuido.

El mortiño es naturalmente orgánico, posee vitaminas, antioxidantes y radicales libres, así que no estaría mal degustar de una copa de vino. ¡Salud!.