El sabor amargo de la melcocha

38f1IBARRA. La vida llena de dulzura que durante años proporcionó Tarquino Noguera a niños de la provincia, es la misma que ahora causa su agonía. Durante años vendió melcochas recorriendo las escuelas de Imbabura. Con el pasar de los años, obtuvo un problema en la cadera que en la actualidad le impide movilizarse con normalidad. Él necesita su ayuda.

 

Su vida. “Llegó la melcochita caliente, para que se haga más inteligente. Si quiere para secretario o si quiera para presidente”, frase que durante más de 10 años repitió millones de ocasiones promocionando sus melcochas.

Durante años fue esta su forma de sustento familiar. Las largas distancias que a diario recorría, bajo el intenso sol o la pertinaz lluvia desgastaron un hueso en su cadera que hoy a sus 77 años le ha oblidado a visitar al médico continuamente.
Noguera pidió a “todos los que lo conocen que ha caminado por lo largo y lo ancho, le den un apoyo”.

Drama. Lleno de amargura, con el peso de los años encima y la “amargura” de soledad. Noguera vive junto a su esposa Feliz María Montenegro Martínez, en el barrio Bellavista de San Antonio de Ibarra.
Su única fuente de sustento, es la venta de productos agrícolas provenientes de un pequeño huerto ubicado en su casa. Su esposa con dificultad camina y desde hace algún tiempo dejó de escuchar el cantar de los pájaros por las mañanas y las tiernas rimas de amor que Tarquino le recita. Viven solos, “ponchito es la única persona que me ayuda”, dijo.
Durante dos días acompañamos a “Don Tarquinito”, en busca de un tratamiento médico. Edilma Benítez, del departamento de Trabajo Social del Hospital San Vicente de Paúl,  fue el nexo para que él reciba la ayuda médica que requería.