El Retorno, ¿a qué?

Ibarra, la capital imbabureña, no puede ser víctima de las pocas visiones de quienes la administran, ni del cúmulo de vanidades de quienes momentáneamente la regentan y peor aún puede ser víctima del desamor de su gente.

Ibarra debe, como lo hizo hace 142 años, levantarse como el Ave Fénix, para seguir en el camino de las grandes resurrecciones, de las transformaciones que exige la realidad actual, de una planificación de largo plazo y no de los remedos de planificación que la sumen en desconcierto y muchas veces en caos. Ibarra, celebra este día su imborrable recuerdo de cuando en base a tesón y lucha, sus gentes retornaron, luego del terrible terremoto de 1868 para quedarse, retornó para estar vigente, retornó para seguir enfrentando las vicisitudes provocadas por quienes demuestran poco compromiso con su desarrollo, pero mucho interés en otros objetivos pasajeros. El tiempo y la historia sabrá juzgar a sus malos administradores, así como el tiempo y la historia han reconocido y han inmortalizado a grandes hombres y mujeres que, más allá de las autoalabanzas, han sido ejemplo de vida para una ciudad que crece, que lucha por conseguir grandes objetivos y seguir siendo ejemplo nacional. Hoy, retornamos ¿a qué?.