El reto

jacinto salasEl colorido y luminoso mural, pintado por Villarreal en el ala sur de la vieja casa hacienda de Pilanquí, sede de la Casa de la Cultura núcleo de Imbabura, refleja o trata de reflejar la alegría, pero también el esfuerzo que habrá significado para los sobrevivientes de la tragedia del 16 de agosto de 1868, volver, desde Santa María de La Esperanza, a los antiguos lares en donde se asentaba Ibarra desde 1606.

Era el Retorno. El que había comenzado el 21 de abril y se extendería hasta el 28 de ese mismo mes cuando luego de la ceremonia religiosa, de invocación a Dios y a la Virgen de La Merced, Ibarra volvería a ser reinstalada oficialmente.
En los espaciosos terrenos del valle de Carangue, cercados al oriente por el Tahuando, al oeste por el pequeño Ajaví, al norte por las profundas grietas abiertas por el río hasta su encuentro con el Ambi, y al sur con las quebradas que descienden del Imbabura, todo estaba listo para asumir el reto de reconstruir la ciudad, de devolverla el esplendor que la pequeña villa tuvo hasta la catástrofe de agosto del 68.
Asumir la apuesta de la reconstrucción no fue fácil para los sobrevivientes que recordaban los cuadros dolorosos que vivieron en medio de los escombros de la antigua ciudad. Fue necesaria la presencia de líderes natos que respaldaran y motivaran la importancia y urgencia de reconstruir Ibarra como José Nicolás Vacas, Juan Manuel España y otros.
Junto a ellos, la posición de García Moreno, del Cabildo que desde el 14 de noviembre de 1868 había decidido la reinstalación, del propio pueblo y de ibarreños de la talla de Mariano Acosta que Ibarra volvió a renacer.
Hoy a 142 años de El Retorno, Ibarra sigue su marcha, pero tiene nuevos retos, esos que nacen de las exigencias de un país en cambio.  Para ello, como en 1872, requiere de la decisión de todos los ciudadanos y de nuevos líderes que crean en Ibarra y en su futuro.

 

Jacinto Salas Morales
salasjacinto@yahoo.com