El punto que hace falta en la palma de tus manos

No he visto a ninguna persona con un punto en la palma de una de sus manos.
Me parece que eso se debe a que la violencia doméstica todavía es de puertas adentro, a que pocas mujeres o niños se atreven a denunciar a sus agresores, a que estos agresores todavía ejercen sobre sus víctimas un poder represivo o chantajista o de miedo para mantenerlas calladas.

Pero, justamente, la idea de dibujarse un punto en la palma de la mano es para que las víctimas puedan expresarse desde el silencio, a espaldas de su agresor, y pedir ayuda a quien pueda observar aquella desesperada señal en busca de ayuda.
El silencio nunca ayuda en estos casos. Más bien consolida una situación que puede atravesar una frontera inenarrable y terminar en una tragedia.
Sucede todos los días. Del grito se pasa a la agresión física y de la agresión física a una acción moral. Si la víctima no decide pedir auxilio, la situación empeorará cada vez más.
En otros casos, cuando se trata de abusos de adultos a menores de edad, en especial niñas y adolescentes, no existe otra manera de que alguien se percate de, gracias al punto, ocurre una situación anómala y que se produzca, por fin, la acción solidaria.
Que el punto deje de ser un signo ortográfico. Que pase a ser el más importante símbolo de una realidad que por muchos años se ha mantenido callada, cómplice, mortal.

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