El paro de octubre (2)

(CONTINUACIÓN…) Uno, las bases correístas cercanas al movimiento indígena ya venían trabajando, quién sabe con qué intereses y posiblemente con financiamiento externo tal como se especula; dos, desde la criminalización de la protesta social, la develación de la corrupción correísta y la traición de Moreno al “proyecto” de la Revolución Ciudadana, existía algo como una furia contenida, que necesitaba una válvula de escape, y el paro de octubre fue la ocasión precisa. Tres, ante los brotes de violencia de elementos infiltrados y la respuesta brutal de los órganos de represión como la Policía y las FFAA, más allá del reclamo por el aumento del precio de la gasolina por la eliminación del subsidio, se configuró una lucha por la etnicidad, de la dignidad étnica runa, socavada siempre por el Estado y la sociedad ecuatoriana en general, que no ha sido capaz de dar solución, a los problemas como la extrema pobreza y la marginalidad. Tengo una visión clara de los subsidios, y esto es que, aunque el ideal sería que nadie lo necesite, la realidad es diferente. Es necesario y obligatorio la asistencia del Estado a los sectores más vulnerables del país. No podemos quedarnos tranquilos e impávidos frente a la desgracia, nunca debemos perder la humanidad de ser solidarios. Pero los subsidios deben ser focalizados, tampoco está correcto de que se beneficien los ricos, traficantes, insurgentes de países vecinos; se debe buscar los mecanismos efectivos para que los recursos no se dilapiden, sino que sean bien direccionados.