El otro No

A los partidarios del Sí sorprendió la respuesta ciudadana a la pregunta nueve de la consulta popular del pasado 7 de mayo. Ellos, igual que el oficialismo, no esperaban el voto reflexivo de millones de personas -la mitad del país- que dijeron No a la propuesta de crear el Consejo de Regulación de Contenidos como parte de la futura Ley de Comunicación.

Muchos periodistas también nos asombramos con el resultado electoral. ¿Cómo debemos, desde el diario quehacer en el oficio, tomar los periodistas ese masivo voto en contra de las políticas censoras e intimidantes que se expresarían a través de ese Consejo? ¿Tendríamos que llegar a la conclusión, sin necesidad de armar debates profundos y cuidadosos, que esos millones de ciudadanos apoyan y se solidarizan con nuestro trabajo? Hay tres cosas que no caben ahora: el triunfalismo, la indiferencia y la resignación. A diferencia de un poder político que no acepta la crítica, que no admite sus errores y que le cuesta asumir que la mitad del país ya no cree en él, al periodismo ahora le toca enfrentar los desafíos que le impone ese voto por el No en la pregunta 9. El primer reto es conocer a los votantes y entender por qué tomaron esa decisión. ¿Son simples adversarios del poder de turno o son personas que no están dispuestas a ceder a gobierno alguno el derecho ciudadano a elegir en qué periodistas y en qué medios creer y confiar? El segundo desafío es tener la capacidad de acercarnos a esos ciudadanos y expresar periodísticamente su vida desde sus intereses, sus proyectos, sus visiones acerca de la vida, su forma de asumir lo que quieren para sus hijos. Debemos ser capaces de seguirlo haciendo de manera sostenida. De construir nuestra agenda diaria sobre la base de que la gente demanda y necesita. El tercer reto es sistematizar, asumir y procesar la crítica y la autocrítica. Escuchar con atención y sin arrogancias a quienes señalan nuestros errores. Aceptar abiertamente cuando nos equivocamos y tener muy claro que cometer fallas de procedimiento o prolijidad es faltar al respeto a nuestro público y a nuestro propio trabajo.  

 Por Rubén Darío Buitrón
Tomado del blog:
www.rubendariobuitron.wordpress.com