El Naranjal, un pedacito de tierra centenaria en Ibarra

Es común que a la hora de tomar un taxi y le pida que le lleve al barrio El Naranjal, el taxista le mire un poco sorprendido, pero si le aclara que es a la altura del barrio 10 de Agosto le dirá que sí. Muy pocos conocen el nombre de este rincón ibarreño que a diario da la bienvenida a los viajeros que llegan desde Quito, y que tiene casi un siglo de vida.

El barrio El Naranjal es uno de los más antiguos de Ibarra, y debe su nombre a que en sus terrenos eran famosos los árboles repletos de naranjas.

Así lo cuenta Luis Gustavo Vásquez Galeano, quien nació hace 57 años, en este pequeño terruño cuya extensión es de apenas tres cuadras, entre las calles Los Salseros y la Teresa de Jesús Cepeda; unidas por la vía principal que es la extensión de la avenida Eugenio Espejo que además lo conecta con los barrios 10 de Agosto y El Ejido de Caranqui.

Don Vásquez recuerda que esta avenida principal era empedrada y más angosta y con la construcción el Periférico Sur, el barrio cambio por completo, llegó el adoquinado; y con este, el desarrollo económico y comercial. Ahora al barrio no le falta nada. Hay de todo. Conjuntos habitacionales, una ferretería, comedores, panadería, tiendas como la de Don Vásquez, frutería y hasta un taller de motos.

Según Óscar Piñan, presidente del barrio, este se constituyó legalmente el 11 de septiembre de 1995 y en esa fecha los vecinos bailan, y en Navidad nadie quiere perderse el Pase del Niño.

Una de las historias del siglo pasado, que más se comenta entre los abuelos, ocurría en los años 50. En aquel entonces, la quebrada al límite de El Naranjal se desbordaba por la lluvia, no había como cruzar y al otro lado (Caranqui) los estudiantes de la nocturna del Teodoro Gómez debían pernoctar en una casita (la de Segundo Vásquez) hasta que las aguas bajen y puedan cruzar entre las piedras.