El lenguaje positivo de la verdad (II)

Es evidente que lo auténtico nos hermana, haciéndonos también más libres y más caritativos. Sea como fuere, los actuales momentos vividos en un mundo de dominadores sin escrúpulos, como en ningún otro tiempo pasado, no pueden ser de más falsedad e incertidumbre. Sirva como testimonio esta absurda y necia afirmación recogida en un libro sobre el Brexit, obra que pertenece a una colección muy popular entre la ciudadanía británica. Así dice uno de sus rudos párrafos: “Gran Bretaña es una isla orgullosa. Durante siglos estuvimos solos. Ahora volvemos a estarlo. Otros países, como Croacia y España, necesitan ser parte de Europa, porque ellos, claramente, son cobardes. Pero nuestro país es especial y otros países se están poniendo a la cola para conseguir lo que tenemos para ofrecer, ya sea la música de Sting o cualquiera de nuestros quesos. Éste es el futuro”. Cuánta estupidez encierra este endiosamiento de dividir y encerrar. Con lo fácil que es hablar claro y profundo, que es lo que realmente nos aproxima. Ciertamente, es esa unión europeísta bien definida y debidamente ponderada, la que nos lleva a la construcción de ese espacio común, más fuerte que las voluntades nacionales, fiel al espíritu de solidaridad, que es lo que nos hace avanzar y redescubrir lo fructífero que es esa unidad de las diferencias hermanadas. Por tanto, no es cuestión de cobardía, sino de entendimiento, consciente de que el “todo” trabajando en armonía es más que la “parte”.