El Inka Wasi requiere de un empoderamiento “urgente”

Ibarra. Si Atahualpa volviera a nacer ¿Qué pensaría al ver el estado del Inka Wasi?… la pregunta puede parecer fuera de tiempo, pero si le trasladamos al siglo XXI surge esta interrogante: ¿Qué se puede hacer para evitar que este sitio arqueológico no desaparezca?

Complejo arqueológico. En pleno circuito urbano, en las calles Princesa Pacha y Huaca, se encuentra este complejo arqueológico del cual no queda más que un cerramiento desgastado por el tiempo y en su interior piedras milenarias que la hierba y los líquenes han cubierto casi en un 80% por ciento su estructura.

Por la esquina de un improvisado alambrado se puede observar a lo lejos una planicie marrón que sumada a la erosión propia del tiempo y una suerte de algas verdes da la impresión de ser un terreno baldío.

Pero se trata del Inka Wasi, cuya traducción al castellano es “Casa del Inca”. Este lugar llamó la atención a los arqueólogos de varias partes del mundo ya que fue un importante lugar de residencia del Inca Atahualpa, donde funcionaba un complejo dedicado a los baños rituales.

Tamara Bray, arqueóloga estadounidense fue una de las investigadoras del lugar, desde el 2008. En ese momento ya se evidenciaba un proceso de deterioro por la acción del sol y la lluvia. Por ello se recomendó la colocación urgente de una cubierta, cosa que no ha sucedido todavía. Los primeros restos arqueológicos precolombinos, que están situados en la parroquia de Caranqui, fueron descubiertos por funcionarios del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural y más adelante trabajadores del desaparecido Fondo de Salvamento de Patrimonio Cultural del Cantón Ibarra, comenzaron su intervención en el 2006. “Todas estas acciones han venido desapareciendo hasta el punto en que nos encontramos ahora”, señala el arqueólogo Byron Camino.

Empoderamiento. Para el experto quiteño este tema tiene varios actores y depende de muchas aristas.

“No solo tiene que ver la parte técnica sino también un mayor empoderamiento de la gente, el cual ya existe. Recordemos que en ese sitio, en 1992, hubo un museo. Entonces la gente está empoderada. Lo que hay que hacer es reactivar esta acción y hacer que la gente reaccione”.

Para Camino, la situación de “abandono” en la que ahora se encuentra este espacio hace necesaria una intervención “urgente”.

“Lo que vemos allí son unos elementos arquitectónicos “únicos” dentro del desarrollo del Tahuantinsuyo, y por eso se debe tener un acercamiento con la comunidad y las autoridades para que se considere la importancia de su conservación”, agregó.

Hace más de un lustro, el cronista José Echeverría discutía sobre el posible uso que se dio a este espacio y que según apuntes se trataría de un sitio ceremonial para observar las estrellas, en el agua de un estanque, con más de 15 metros de largo.

Según datos recogidos por un huaquero español, en 1595, el Inka Wasi ocupaba un área de 20 cuadras. Es decir que toda Caranqui estaría sobre el templo del Inca.

Las medidas. Belén Delgado, responsable de Patrimonio del Municipio de Ibarra, manifestó que este sitio no está abandonado y está incluido dentro de una guía patrimonial que se está elaborando desde 2019 y que se espera se pueda finalizar en este año.

“No se trata de intervenir estos sitios como si fuera cualquier espacio, no es que un día voy a contratar una cuadrilla con cepillos y mangueras para que limpien la hierba del sitio”.

Delgado explicó que existe una planificación que contempla la rehabilitación de otros espacios más urgentes y que se encuentran en el centro de la ciudad.

Otros sitios. Según un estudio turístico realizado por Sofía Guaranguay y que reposa en los archivos de la Universidad Regional Autónoma de los Andes se evidencian diferentes sitios arqueológicos, con valor turístico.

Uno de los más importantes es el complejo de Ingapirca ubicado en la provincia de Cañar, considerado uno de los mejor conservados en el país, pero también se pueden mencionar otros como Tulipe, Cochasquí y Rumicucho (Pichincha) y el complejo de Pumapungo (Azuay).