El florero

Un maestro Zen se acercó a sus discípulos, a quien siempre, los había guiado por el camino del saber, alejado de la distracción y el deslumbramiento, para someterles a una prueba. Les dijo: “Aquel de ustedes que sea capaz de ayudarme a resolver un problema que tengo entre mis manos, le será revelada la sabiduría última”. 

Entonces el maestro sacó un precioso florero, hecho por un cristal único y maravilloso y les reveló: “Este florero está hecho por el cristal más fino del mundo, pero además perteneció a muchos de los hombres más santos que ha habido. Hoy lo he sacado porque quiero que me ayuden a resolver qué hacer con él. No sé si llenarlo de flores, de aguas sagradas o colocarlo  como adorno que embellezca nuestro templo. ¿Qué hago con este problema  que tengo entre mis manos? Volvió a inquirir. Un discípulo dijo: “Maestro, la belleza de una flor es efímera, pronto se acaba, se pudre y huele mal, no estaría bien estropear tal tesoro”.Otro discípulo dijo: “El agua se hizo para fluir y no para atraparla en un florero, así este sea bello, en nada iguala a la belleza de la naturaleza”. Otro dijo: ”Adornar es algo trivial, es dejarse deslumbrar y distraerse”. Y solo un último discípulo había permanecido en silencio. Entonces el maestro le preguntó ¿Qué me dices tú, no escucho alta filosofía, ni bella palabra de tu boca? El discípulo, se levantó tomó el florero entre sus manos,  lo dejó caer sin reparos y este se rompió en decenas de pedazos. Los otros discípulos recriminaron, pero el maestro los detuvo y les dijo: “Él es a quien le será revelada la verdad última, porque es el único, que sabe qué hacer cuando tiene un problema entre sus manos> Rómpelo  y el problema se acabó. No retengas, ni te aferres a nada. Ni material, ni espiritualmente. ¡No te dejes engañar por la apariencia de las cosas! No seas Filósofo, sé despierto

 Nelson Villacís
nelsonvillacis@hotmail.com