El entenado de Obama

El execrable crimen contra Osama  es un acto de terrorismo de estado, tanto  más grave que los cometidos por el terrorista malo musulmán, supuestamente dado de baja por  terroristas buenos que, a nombre de la democracia occidental, no tuvieron ningún empacho  en asesinarlo a sangre fría delante de su esposa y sus hijos violando leyes cristianas, musulmanas, árabes, norteamericanas, en definitiva, normas de ética y de derecho internacional que no se puede justificar a nombre de nada.

Matar a un ser humano, que fue inventado y entrenado por la propia CIA para sabotear el avance soviético en Pakistán, es un pésimo precedente de hacer justicia. Ahora los musulmanes podrán hacer exactamente igual con soldados norteamericanos a los que tomen prisioneros pues desde su visión son invasores herejes y terroristas metidos en sus territorios para apoderarse de su petróleo y de los enclaves estratégicos para controlar el Medio Oriente. Se fueron al tarro el Tratado de Ginebra, los derechos humanos, el debido proceso, el respeto al libre credo; ahora solo hay que ubicar al enemigo, asesinarlo a sangre fría sin siquiera darle derecho a un entierro digno según su cultura,  su religión y  sus costumbres. Pero este singular Premio Nobel de la Guerra no se comporta del  mismo modo con Posada Carriles, el terrorista que en 1976 hizo explotar un avión con 73 pasajeros a bordo, todos ellos ciudadanos inocentes como lo fueron los de las Torres Gemelas. Es que para el imperio, los terroristas son buenos si cometen crímenes contra sus adversarios y malos si lo hacen en contra de sus amigos. El término terrorista se ha vuelto ambiguo. Para los musulmanes, Bin Laden es un mártir, como Carriles es santo para los norteamericanos que lo escudan y protegen como un adorable entenado.

 Juan F Ruales

juanf_ruales48@hotmail.com