El dolor de dos familias

La sentencia de tres años y cuatro meses de prisión para el policía del GOE, David V. que lo dictaminó el Tribunal Penal en Imbabura, tras los hechos violentos en el Control Integrado de Mascarilla y que terminó con la muerte del joven Andrés P., sienta un precedente en medio del dolor de dos familias. ¿Quién tuvo la razón? es la gran pregunta. Quizá ante estos hechos que lastiman, no habrá nunca una respuesta valedera y satisfactoria. Siempre se opinará desde la sensibilidad personal y de acuerdo con el cristal con que se lo mire. Lo cierto es que en ambas familias -del agente policial y del joven afrochoteño- van a quedar heridas que no se podrán sanar con una sentencia, para unos justa, para otros injusta; para unos reivindicatoria, para otros señalada como un mal signo que impide actuar a los uniformados en el marco de los procedimientos legales. Queremos que este triste capítulo de la historia no se repita nunca.