El Corpus Christi y Los Danzantes

zulema obandoPara la Iglesia Católica, la celebración del Corpus Christi, evoca el valor espiritual de la eucaristía, de acuerdo a los últimos hechos surgidos en la Ultima Cena de Jesús junto a sus apóstoles.

Esta expresión viene de la frase en latín que significa literalmente, “el Cuerpo de Cristo”, conmemorándose varias semanas después de la Pascua de Resurrección.
Esta festividad fue traída de España durante la Conquista, teniendo en la Colonia e inicios de la República, una fuerte presencia popular. En esa época se realizaban grandes concentraciones con manifestaciones teatrales, baile y los fuegos artificiales, simbolizando el fuego como demostración de júbilo. Para algunos antropólogos estas fiestas se fusionaron con las del Inti Raymi, generando cambios en los valores y prácticas, denominadas también las fiestas de San Juan y San Pedro. En este contexto, los Danzantes de Pujilí, -Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad-, concitan el interés de miles de turistas, en inmensos bloques llamativos salen de sus comunidades de origen, colocan castillos, castillejos y jardines, comúnmente facilitados por los padrinos o “priostes” de la fiesta. Este Danzante, conocido como “Sacerdote de la lluvia”, es el personaje principal puesto que se combina tradición, creencias ancestrales y religión. En Cuenca, al Corpus Christi, se conoce como Fiesta del Septenario, la procesión recorre las principales calles de la urbe, la eclosión de luces en el firmamento produce algarabía y los ricos dulces de colores amarillos, verdes, morados, rosados, negros, blancos, marrones turquesas, amalgaman una riqueza gastronómica única, apostados en los portales del parque Calderón. En el contexto internacional, el mayor referente, son los Diablos Danzantes de Venezuela, reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2012. Se agrupan en 11 cofradías que congregan a más de 5 mil personas, entre las cuales la más registrada es la de los Diablos Danzantes de Yare. Llamados los “promeseros”, desde la antigüedad hasta estos tiempos, hombres, mujeres y niños se visten de diablos para cumplir con promesas al Santísimo Sacramento; en dualidad representan el mal y el bien universal.

Zulema Obando

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