El coronavirus ha logrado retroceder el tiempo, según psicólogo ecuatoriano

Quito.- El coronavirus, un agente patógeno que ha matado hasta el momento a más de 7.500 personas en el mundo, es “un bicho” que ha logrado que el tiempo retroceda, ha demostrado que nadie tiene el control y ha permitido que el hombre vuelva a verse a sí mismo y a su entorno más cercano: la familia.

Así lo consideró el psicólogo Matías Murtagh, docente de la Universidad Católica de Quito, quien además observó las oportunidades que la sociedad puede obtener de los desafíos que plantea esta pandemia, como el aislamiento masivo de personas en sus hogares.

Y es que el coronavirus ha puesto de cabeza al planeta entero y muchos países han tenido que adoptar medidas para evitar la expansión del contagio, como el confinamiento de las familias.

“Esta situación de estar en casa (por largos periodos de tiempo) es propia de un siglo atrás”, predominaba sobre todo en el campo donde las familias estaban integradas a espacios de producción cercanas a los propios hogares, recordó el especialista.

NADIE TIENE LA VIDA BAJO CONTROL

Por ello, la pandemia “nos puede estar diciendo nadie tiene la vida bajo control o ningún gobierno tiene el control” absoluto sobre la realidad, agregó Murtagh, experto en psicología transpersonal.

Para él, la propuesta de quedarse obligatoriamente en casa por un periodo de tiempo largo, que podría durar varias semanas, supone un desafío para las personas que, de manera habitual, compartían con sus familias apenas los fines de semana.

Ahora, con el aislamiento domiciliario es posible y aconsejable que las familias escriban, chateen, produzcan encuentros virtuales y compartan actividades que antes eran difíciles de hacerlas.

UN AISLAMIENTO PARA APRENDER

“Si nos peguntamos qué nos puede enseñar este virus, podríamos decir que muchas cosas, especialmente convivir con los más cercanos”, aunque ello no significa que este reencuentro vaya a estar exento de dificultades, precisó Murtagh.

El coronaviorus y sus consecuencias “puede mostrar lo mejor o lo peor de nosotros”, consideró al explicar que en el periodo de confinamiento “habrá momentos en que podamos compartir muy bien y habrán también roces y dificultades por estar juntos, por estar más cerca, por compartir más tiempo”.

“Estar encerrados nos va a mostrar que no podemos ser pacientes todo el tiempo y que quizá hay momentos de tensión”, pero eso abre la posibilidad de “encontrarnos nosotros mismos y de cuidarnos como familia”, remarcó.

UNA OPORTUNIDAD PARA COMPARTIR

Por eso, recordó que en este periodo se abren múltiples posibilidades de compartir en familia, como ver películas y analizarlas, hacer ejercicio, cantar, bailar y discutir sobre temas cotidianos.

También habrá la posibilidad de profundizar sobre asuntos más trascendentes como responder a la pregunta “¿qué te gustaría ser y hacer en tu vida?”, mencionó el psicólogo, que también reflexionó sobre las nuevas realidades abiertas por la pandemia como el denominado “teletrabajo” o trabajo desde casa.

“Ojalá nos podamos preguntar hasta qué punto es cierto y necesario compartir el espacio laboral (en una oficina), si es tan necesario estar ahí todos los días o si podemos hacerlo de otra forma? Es un tema complejo”, añadió.

Inclusive, la pandemia nos ha permitido pensar seriamente en la necesidad de cuidar al planeta, porque, “sin querer queriendo hay menos smog, menos tránsito, menos producción y ojalá haya menos consumo también”, sostuvo el especialista.

“Estábamos con la velocidad del mundo y quizá tenemos que aprender de la lentitud, de observarnos más y tener otras perspectivas”, apuntó el psicólogo, que tampoco descartó que en el periodo de confinamiento puedan surgir problemas como ataques de pánico frente al problema de la expansión del virus.

“Creo que podemos salir fortalecidos de esta situación y enriquecernos con lo que vamos viviendo día a día”, sin dejarse arrastrar por un temor absoluto a la pandemia, aunque “sí tener precaución y decir cómo voy a responder a esto y cómo nos vamos a cuidar” en familia, afirmó