El buen uso del fútbol

mauro aguirreMillones de personas que admiramos el atractivo deporte del fútbol y en esta época de eliminatorias para el próximo mundial, en los países participantes vemos a los seleccionados que representan a cada país y apoyados por miles de personas en los estadios se viven las emociones y expectativas.

Así un titular de nuestro país decía: “la tricolor con fe ante los llaneros”. Cada vez más observamos a futbolistas de tradición que hacen historia en las galerías de cada país. El Papa Benedicto XVI, en un reciente mensaje con ocasión del campeonato europeo de fútbol dice: “este evento deportivo implica no sólo a los organizadores, a los jugadores y a los aficionados, sino también, de diversas formas y en los distintos ámbitos de la vida a toda la sociedad. Incluso la Iglesia no es indiferente a este evento, en particular a las necesidades espirituales de aquellos que participan en este deporte.

Mi amado predecesor, el Beato Juan Pablo II, dijo: las potencialidades del fenómeno deportivo lo convierten en instrumento significativo para el desarrollo global de la persona y en factor utilísimo para la construcción de una sociedad más a la medida del hombre. El sentido de fraternidad, la magnanimidad, la honradez y el respeto del cuerpo, son virtudes indudablemente indispensables para todo buen deportista y contribuye a la construcción de una sociedad civil donde el antagonismo sede su lugar al agonismo, el enfrentamiento  al encuentro  y la contraposición rencorosa a la confrontación leal”.

Entendido de este modo, el deporte no es un fin, sino un medio; puede transformarse en vehículo de civilización y de genuina diversión, estimulando a la persona a dar lo mejor de si. Por  lo demás, el deporte de equipo, como el fútbol, es una escuela importante para educar en el sentido del respeto del otro, incluso del adversario deportivo, en el espíritu de sacrificio personal con vistas al bien de todo el grupo, en la valoración de los dotes de cada miembro del equipo; en una palabra, a superar la lógica del individualismo y del egoísmo, y deja espacio a la fraternidad, la amistad y el bien común.

El Santo Padre alienta a todos aquellos que están implicados en el evento deportivo. En la oración encomiendo a Dios a los jugadores, aficionados, voluntarios y a todos aquellos que trabajan en la preparación y desarrollo. A todos imparto mi bendición. 

 

P. Mauro Aguirre T.
      Especial para diario EL norte