El aeropuerto de Quito

Sin duda alguna se trata de una obra simbólica para los ecuatorianos. Una obra que requería nuestra Capital y nuestro país. Los estándares internacionales de la aviación exigen altas normas para el funcionamiento de estas grandes infraestructuras y claro, la demora para la puesta en marcha del nuevo aeropuerto de Quito es entendible si miramos la dimensión de lo que se hizo en el ámbito de la técnica, de lo jurídico, de lo administrativo y obviamente su gran inversión. Lo malo es que ya aparecen quienes, aprovechándose de esta magna obra, hablan de posibles reelecciones populares o de aspiraciones políticas más grandes.

Esos excesos de triunfalismo son malos, más aún sino se valora a todos los protagonistas que intervinieron en su momento para la cristalización de ésto que lo podríamos considerar un sueño hecho realidad. Pero no todo es criticable, ahora los vecinos del antiguo aeropuerto ya podrán dormir en paz y tranquilos e incluso hasta podrían, en un futuro cercano, disfrutar de un mega parque como el que se anunció que se construiría en forma inmediata. Las dificultades de hoy, como por ejemplo el tráfico vehicular y las distancias, se irán mermando conforme pasan los días. Seamos positivos. Por ahora Quito tiene un nuevo aeropuerto que es digno de un país como el nuestro.