El 10 de Agosto de 1809, grito de libertad para la eternidad

Marco Cevalles
Especial para EL NORTE 

Un grupo de patriotas quiteños manifestaron la decisión de constituir un gobierno soberano e independiente, libre de la corona española que ya tenía serios reparos en estas tierras, debido a muchos sucesos como la Revolución de las Alcabalas, la de los Estancos y muchos eventos en contra de la corona española.

Desde ahí se sembró en las conciencias de los ciudadanos la idea de una independencia y revolución soberana. Estados Unidos había conseguido su independencia y mucho se hablaba de la Revolución Francesa entre los intelectuales quiteños, pero sus pretensiones en muchos casos terminarían en la cárcel y en la muerte.

El día anterior al Primer Grito de Independencia unos nobles quiteños se reunieron en la casa de Manuela Cañizares para definir una estrategia y muchos de ellos, con mucho recelo y cautela, no se atrevían a poner su contingente en esta causa.

Muchas ocasiones Manuelita los llamó “cobardes nacidos para ser gobernados, piensen en la independencia, seamos libres” y fue así que se creó la Junta Soberana de Gobierno que estuvo conformada por el Márquez de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar y el obispo José Cuero y Caicedo como Presidente y Vicepresidente y, siendo Secretario de Estado Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez de Quiroga y Juan Larrea además de Antonio Ante como Secretario General de la Junta de Gobierno le encomendaron la noble misión de ir a donde Don Manuel Urrez, Conde Ruiz de Castilla y Presidente de la Real Audiencia de Quito, para comunicarle que la Junta lo relevaba de su cargo.

El 10 de Agosto de 1809 es el PRIMER GRITO DE LA INDEPENDENCIA DEL ECUADOR. Luego de haberse conformado la Junta de Gobierno se estructura un Cabildo Abierto en el Convento de San Agustín el 16 de Agosto, en la que se ratifica todo lo actuado y se toma la decisión de comunicarle al Virrey del Perú José Abascal, al de Santa Fe Antonio Amary Borbón y al Gobernador de Guayaquil, Bartolomé Caucalón como al de Cuenca, Melchor de Aymerich, a ellos se lea hace saber de la existencia del nuevo ordenamiento en la Real Audiencia de Quito.

Este hecho histórico realizado por los quiteños fue tomado como un acto de rebelión a la Corona Española. Inmediatamente envian tropas militares desde Guayaquil, Pasto y Popayán con la finalidad de apaciguar los ánimos de la Junta de Gobierno de Quito que estaban resueltos a tener su independencia.

Conociendo esto, se organizó dos divisiones compuesta por tres mil hombres bajo el mando de Manuel Zambrano y Juan Ascázubi con la finalidad de bloquear en el norte a las fuerzas que venían de Colombia y fueron derrotados tanto en Pasto como en el Cumbal.

Este revés de las fuerzas quiteñas sembraron la desmotivación de la lucha independentista y los intereses personales pudieron más que un ideal común. Juan Pío Montúfar tuvo que renunciar y Juan Guerrero y Mateus, conde de Selva Florida, asumió la Presidencia de la Junta de Gobierno y se encargó de negociar la rendición del Conde Ruiz de Castilla, hecho que se dio el 24 de Octubre de 1809.

Una de las condiciones es que no haya represalias contra nadie, situación que no se dio puesto que cuando vinieron las tropas del sur, se disolvió la Junta de Gobierno y se ordenó la captura de todos quienes lo conformaron.

A los patriotas les esperaba un proceso de rebelión en el que se pedía pena de muerte por traición a la corona española, el 2 de Agosto de 1810 los quiteños quisieron tomarse el cuartel para liberar a los patriotas pero la reacción de los realistas llevó a la masacre de los próceres en un hecho histórico sin precedentes en nuestra historia que es recordada con profundo civismo.