04-07-2019 | 00:00

Editorial

    Al interior del Consejo Nacional Electoral (CNE) se desató una pugna en torno a las responsabilidades no cumplidas. ¿A quién creemos?, es la pregunta. Entre los miembros del organismo, llamado a defender el voto que los ecuatorianos depositamos en las urnas, hay dimes y diretes. Aquella sesión inicial del CNE, en donde todo aparentaba paz y consensos, hoy se destruye como aquellos matrimonios que duran poco por desamor y desentendimientos. La falta de credibilidad en quienes están al frente del organismo está instalada. Hay dudas de la transparencia, acción, gestión y como consecuencia, hasta de los resultados de las últimas elecciones. En algún momento las autoridades nacionales y provinciales del CNE deberán responder por sus acciones, porque no se puede jugar con la voluntad del pueblo en medio de los señalamientos mutuos y la forma en que nos hacen ver cosas importantes. Hay que recobrar la credibilidad en organismos que están generando desconfianza.