05-08-2019 | 00:00
Jacinto Salas
Momentos
salasjacinto@yahoo.com

Una convivencia difícil

Geoparque con su potencial turístico, o minería, en una época de enormes urgencias económicas.

    Amplios sectores de Imbabura como la Academia, los gobiernos descentralizados y la propia comunidad han comenzado a asimilar paulatinamente el significado y la responsabilidad de que la provincia haya sido calificada como Geoparque de la Unesco. Pero en tanto la publicidad institucional valora para la comunidad local y para el turismo los “geositios”, esos parajes de indudable calidad escénica que justifican la nominación, hay sectores que comienzan a interrogarse si, en el plazo inmediato y, más en el futuro, la condición de “geoparque”, podrá convivir con una agresiva e inicial exploración y, más adelante, una desbocada explotación minera.

    Porque desde una perspectiva, tal vez parcial e incompleta, resultará difícil e inadmisible mantener la teoría de que es posible cuidar, defender la naturaleza y el medio ambiente, conservar escenarios naturales ricos y únicos, frente a una intensa acción minera que, con toda seguridad, destruirá el hábitat y las características singulares de la geografía imbabureña.

    Lo ocurrido en Buenos Aires, es una simple y elocuente muestra del desastre ecológico, de la destrucción irreversible, que la minería ilegal e irresponsable, puede ocasionar en las zonas concesionadas en Imbabura. Entre ellas están Llurimaguas, un espacio de enorme diversidad biológica en Intag.

    La concesión de Cascabel, en el nor occidente de Lita, La Carolina, Jijón y Caamaño, (Carchi). Imbabura tiene la palabra.