28-09-2019 | 00:00
David Ruiz Sevilla
Perspectivas
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Presos, asesinados y desaparecidos

El Estado mexicano tiene una deuda moral infinita con los padres y demás familiares...

    Eran jóvenes, llenos de vida y esperanzas. Estudiaban para ser maestros y llevar el conocimiento liberador a las futuras generaciones.

    Hijos de familias humildes y trabajadoras, sabían el valor de la solidaridad, por eso quisieron viajar a la capital de su país (México) a participar en la marcha conmemorativa de la matanza estudiantil de 1968. Desgraciadamente, ellos mismos terminaron siendo víctimas de otra matanza.

    La noche del 26 de septiembre de 2014, en un episodio confuso, los buses en los que viajaban terminaron en medio del fuego cruzado entre policías y delincuentes: cinco jóvenes de la escuela formadora de maestros de Ayotzinapa, murieron en el acto; veinte resultaron heridos y 43 desaparecieron en manos de la policía.

    Una vez detenidos, lo más probable es que fueron torturados salvajemente, cobardemente asesinados y finalmente ocultados sus cadáveres. No se entiende cómo, policías que deben proteger a la ciudadanía, sean capaces de torturar, matar y desaparecer a gente inocente. Desde hace cinco años, nada se sabe del paradero de los 43 estudiantes. En este horrendo crimen están involucrados políticos y policías asesinos.

    El Estado mexicano tiene una deuda moral infinita con los padres y demás familiares de los 43 mártires de Ayotzinapa, porque no ha sido capaz de decir la verdad sobre este caso; mientras tanto, el dolor de no saber qué pasó con ellos, nos llega al alma.