14-11-2019 | 10:42
(O)
Carlos Dávila
Coyuntura
ecodavila51@hotmai.com

Los insaciables del Siglo XXI

La fortaleza económica de Morales radicó en la nacionalización de importantes sectores

    Evo Morales pudo salir aplaudido de la presidencia de Bolivia. Durante su mandato de casi catorce años (¿para qué querría más?) el país creció a tasas promedio de 5% anual, superando el desempeño de sus colegas latinoamericanos.

    La fortaleza económica de Morales radicó en la nacionalización de importantes sectores productivos del país, como el de los hidrocarburos. Esta medida –en medio de los altos precios de las materias primas- multiplicó los ingresos estatales de Bolivia. Evo invirtió en infraestructura y dedicó ingentes recursos a programas sociales. Manejó con acierto variables macroeconómicas básicas como el tipo de cambio y la inflación. Redujo la pobreza del 60% al 39% y una buena porción de la clase baja se movió hacia la clase media.

    Este debió ser su último mandato. La Constitución boliviana no le permitía otra reelección, pero Morales, muestra viva del apego al poder de los socialistas del Siglo XXI, no quiso irse a casa. Consultó al pueblo sobre su reelección; la respuesta fue NO. Más, él, con autoritarismo y obcecación, inscribió su candidatura.

    Resultado a la vista: triunfo dudoso, remezón social, salida precipitada del poder y del país, pidiendo apuradamente asilo a México, país que el tardo López Obrador ha convertido en refugio de prófugos.

    De haberse atenido a la letra de la Ley, Evo sería hoy un expresidente con buen grado de aceptación.