12-02-2020 | 00:00
Marcelo Almeida Pastor
Reflexiones
malmeida@utn.edu.ec

La leyenda de un idilio amazónico

Desde entonces, en Pano y Tena surgió con fuerza la naturaleza

más pura

del amor.

    Los abuelos cuentan que muchísimos años antes que el Cacique Jumandi se sublevara en contra de los conquistadores españoles para redimir al pueblo de los Quijos, en dos comunidades de Napo nacieron los niños Tena y Pano. Se conocieron cuando en una faena de caza, el joven Pano buscando alimento para su familia, hizo un alto para beber un mate de chicha, allí logró ver que una hermosa mujer se bañaba en el río.

    Desde entonces, en Pano y Tena surgió con fuerza la naturaleza más pura del amor. Pero cuando “el padre de Tena se enteró del romance, lo prohibió terminantemente; pues la había prometido al hijo de un Curaca de las cabeceras del río Misahuallí”.

    Pano enfermó “Los chamanes se reunieron estudiar el caso. Uno dijo que un poderoso banco (brujo mayor) le había enviado un mortal virote (dardo-maldición). Otro aventuró la posibilidad de que el cuerpo estuviera poseído por un maligno supay (diablo-demonio). Un tercero sostuvo que Pano simplemente estaba enamorado de una bella y esquiva princesa”.

    Pano se lanzó al río para terminar con su existencia. “Tena, quien sin prisa ni ilusión tejía una ashanga (canasta), fue avisada por un pingullo pishco (ave de mal agüero) del fin de su amado, desesperada hizo lo mismo en otro torrente”. Así, en un gran abrazo de aguas vibrantes los dos amantes se juntaron para ir a la eternidad. Hoy se los oye reír y conversar en aguas del ancho río Tena.