24-08-2019 | 00:00
Kim Vivero
Pensamientos
kvivero@pucesi.edu.ec

El tiempo de Dios es perfecto

Hay un tiempo para nacer y otro para morir, un tiempo para sembrar y otro para cosechar.

    La sabiduría divina, la ley de la vida, y la enriquecedora experiencia nos demuestran que todo tiene una causa y un efecto, un espacio y un tiempo. Sin embargo, muchas veces nos preocupamos sin motivo alguno, nos desesperamos por lo que sucederá mañana, y nos imaginamos cosas que no son, pero no tomamos en cuenta que el tiempo de Dios es perfecto, y que Él tiene un plan para cada uno de nosotros, porque hay un tiempo para nacer y otro para morir, un tiempo para sembrar y otro para cosechar, un tiempo para llorar y otro para reír, un tiempo para hablar y otro para callar, un tiempo para trabajar y otro para descansar, un tiempo para equivocarse y otro para corregir el error, un tiempo para gastar y otro para ahorrar, un tiempo para olvidar y otro para recordar, etc.

    No obstante, debemos recordar que todo lo que hagamos o dejemos de hacer durante ese tiempo, depende de cada uno de nosotros, de nuestras motivaciones y desinterés, de nuestras prioridades y necesidades, de nuestras capacidades y limitaciones. Razón por la cual, lo que hagamos hoy, mañana podremos hacerlo mejor, pasado mañana conseguiremos hacerlo excelente, y quien sabe algún día logremos hacerlo perfecto. De igual manera, en ese mismo tiempo podemos transformar las debilidades en fortalezas, las barreras en retos, y los problemas en oportunidades para conseguir lo que queremos. Aprovechemos cada instante del tiempo porque la vida es muy corta. ¡Hoy estamos aquí, pero tal vez mañana ya no!