09-09-2019 | 16:53
Jacinto Salas
Momentos
salasjacinto@yahoo.com

Don Fausto

Perteneció a

esa generación

de ciudadanos orgullosos

de ser

ibarreños

    Perteneció a esa generación de ciudadanos orgullosos de ser ibarreños porque nacieron en esta ciudad o porque llegados a ella, la hicieron suya. Ciudadanos comprometidos en redescubrir todos esos valores humanos y sociales que construyeron ese sentimiento indefinible que se llama “ibarreñidad” y se identificaron con él. Hombres y mujeres que conformaron una sociedad decidida a defender los intereses de Ibarra, trabajar por su progreso, contribuir a su desarrollo. Desde el servicio público, la historia, la cultura, el trato con todos los ciudadanos, siempre estuvieron dispuestos a promover la urgencia de defender el patrimonio ibarreño, que no necesariamente es físico, sino todo ese conjunto de costumbres y tradiciones que caracterizan a Ibarra, la diferencian de otras ciudades y la convierten en única. Don Fausto fue uno de ellos. Un motivador que no escatimaba elogios para aquellos cuya obra, trabajos, escritos constituían un aporte para la cultura, el desarrollo de Ibarra, la provincia, el país. Ello explica su compromiso para entregar una condecoración al mejor estudiante de algunos colegios. O la edición de discos de autores ibarreños. Pero no era complaciente. Era duro crítico de la actitud indolente de muchos, sobre todo de cuantos, obligados por su dignidad o función descuidaban servir desinteresadamente a su pueblo. Pero, ante todo fue un caballero. Como los de su generación. Respetuoso, digno. Y esa, su señal particular, es la que todos cuantos le conocieron recordarán siempre. Hasta siempre, don Fausto.