13-09-2019 | 00:00
Víctor Corcoba Herrero
Algo más que palabras
corcoba@telefonica.net

Con acento dramático

El drama de la inseguridad viviente

puede acabar

con todos nosotros.

    Somos una sociedad envuelta en nuestras miserias. Hacemos culto a una cultura de hipocresía permanente. Todo se conjuga arbitrariamente. La entrega, la acogida y la aproximación entre semejantes suele ser una adhesión interesada. Hay una aceptación global de los valores y principios democráticos, pero la realidad es muy diferente en muchos países. No se producen acciones, verdaderamente inclusivas, ni en aquellos entornos naturales que se dicen demócratas. La desigualdad es un elemento que está ahí, golpeándonos con multitud de conflictos. En consecuencia, el panorama mundial no puede ser más desolador. Creo que nos falla ese espíritu auténtico que es lo que en realidad activa un diálogo constante entre la sociedad civil y la clase política. Solidariamente todos somos responsables de este desarrollo inhumano que nos deshumaniza como jamás. El ocuparse, y el preocuparse por el otro, no está hoy en los corazones. Nos falta compromiso, espacio cívico y voluntad para esos cimientos de buena gobernanza que todo ser humano se merece. Centrémonos en las personas. Jamás en las finanzas. ¡Cuántas víctimas de abusos! Ojalá aprendiéramos a respetarnos. Cuando tanto se nos llena la boca de moralidades, de dignificación de vidas, resulta que nuestros abecedarios menosprecian y violan vidas humanas, sobre todo si el individuo es débil y marginado. Andamos en una contradicción permanente, sin ética alguna, con una carga de falsedades que proyectan calvarios inenarrables.